domingo, 26 de marzo de 2017

Hazel y Doc, Steinbeck

"- Son bien curiosos.
- Güin, ¿y por qué pinan el culu?
(...)
- No sé por qué -dijo-. Los he desamináu y son inseutos vulgaris y una de las cosas vulgaris que jacin es piná-la cola. Y en dengún libru se diz un res al respetivi.
(...)
- Güin, ¿por qué créi vusté que lu jacin?
- Cudo qu´están rezando.
- ¡Qué! -Hazel quedó sustifautu.
- Considera que tien de mos llamá-l´atención no que lu jagan, piná-la cola, sino que mos llami l´anteción que lu jagan. Solu semos pa tomamos a nós mesmos cumu midía de las cosas. Si jaciéramos daque cosa difici de desplicar siría cuasi siguru porque estaríamos rezando... Asina qu´están rezando.
- Vámonos al escapi -retrucó Hazel."

John Steinbeck, Cannery Row (1945).

viernes, 24 de marzo de 2017

Cambio natural



En el pueblo de Saja.

Es un joracaéru sacado cuando se cerró el portal (que advierto entre sorprendido y atemorizado que hay propietarios de hoteles rurales y con encanto que comienzan a llamarlo "porche").

Music from Saharan Cellphones

jueves, 23 de marzo de 2017

Liz

Al tal Liz de Laredu, al que lo del cántabru le parece una mamarrachada, le dan a escoger una cita y escoge (lo que ya dice mucho de él, el entrar en estos juegos) la que sigue: "¿Qué es España? Es un remolino de polvo en el camino de la Historia después de que un gran pueblo haya pasado al galope", que decía Ortega y Gasset.

Enciende la luz, Liz, que con tanto polvo no ves.

Cambio espurio

Entradas más atrás decía que el cambio es inevitable, incluso deseable, pero que lo que no es inevitable es su signo, que puede ser positivo o negativo. También distinguía entre cambio espurio o contrario a la naturaleza de aquello que cambia y cambio natural entendiendo natural en su sentido cabuérnigo, es decir, en consonancia con la naturaleza de lo que cambia.

Pongo a continuación ejemplo de lo que creo se puede considerar cambio espurio:



La foto está tomada en Cabezón de la Sal.

Las placas de piedra de este vano imitan los sillares que precisamente tapan.

Formalmente pudiera parecer un cambio natural, pero en realidad se trata de un cambio íntimamente espurio porque ataca a la lógica de las cosas.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Soba y El Toju, grafitis

Esta foto:



Me recuerda a esta otra, aquí:

Barrio El Diestro de Miengo

El barrio El Diestro de Miengo está en la ladera que cae hacia la ría desde la iglesia. Supongo que el topónimo proceda del latín DORSUM, hermanando así con los abundantes "duesos" de nuestra toponimia. Aunque también pudiera tener que ver con el hecho de que es el barrio que se encuentra a la derecha de la iglesia de camino al núcleo de población.

En este barrio hay varias hileras a las que estamos tan acostumbrados en la costa central, incluido el propio Santander. En Cueto, por ejemplo, que durante tanto tiempo ha sido considerado por los santanderinos ignoto, estas hileras son el tipo de asentamiento mayoritario.

Hay una hilera que parece haber crecido a partir de una casa gótica orientada de acuerdo con la carretera que baja a la ría, ocupando lo que sería el corral primitivo.

Es la que se ve al fondo:



Por la parte de atrás asoma una ventana original:





El conjunto estuvo cerrado con portalá, lo que le convierte en una corralá:



Arranque del arco:



El crecimiento de esta hilera probablemente se ha visto condicionado por el desarrollo de las dos casas también góticas que están por encima de ella, en dirección a la iglesia, que se orientan en función no de esta carretera que baja sino de la que cruza el pueblo transversalmente, siguiendo la línea de costa.

La casa inmediatamente superior se ha transformado, como suele ser habitual, en dos viviendas. Todavía se ve en una de ellas, asomándose, la puerta de medio punto original. En el portal hay una hornacina que aprovecha una antigua ventana gótica con una talla de la Virgen del Rocío que el abuelo de los actuales propietarios encontró en un pozo, en la playa, entre las rocas de Las Garmas.

Por encima de esta casa y en paralelo, quizá también de forma escalonada (como hemos visto en el pueblo de Mar o en el barrio Jismana de Ruente), se encuentra la casona de los Presmanes, que no pudimos ver, pero que parece conservarse en un estadio de desarrollo primitivo. En la parte trasera también se ha reutilizado una antigua ventana gótica como hornacina:



No sabemos de que Virgen se trata. Detalle del pie, que parece un canecillo reutilizado, aunque no sé si la talla es la del canecillo original o si es posterior:



Puerta:



En resumen, entiendo que la primera casa gótica estaba en paralelo a la vía que bajaba a la ría y en perpendicular a las otras dos que estaban en paralelo y quizá de forma escalonada a la vía que seguía la costa.

La primera casa ha dado lugar a una hilera que en su día fue corralada, la siguiente son hoy dos y la última es una casona. Reconociendo este tipo de transformaciones podremos entender mejor todo lo que nos rodea y muchas veces no sabemos valorar por desconocimiento.

martes, 21 de marzo de 2017

Dos casas del barrio Jierra de Mogro

Casa uno, próxima a derribarse:









Probablemente se trate de una antigua casa gótica con la estructura que ya hemos apuntado aquí antes: abajo vivienda y cuadra y arriba secadero y pajar. La casa se ha ido modificando a lo largo de los siglos, como es natural. La parte izquierda se ha convertido en cuadra, modificada, y delante, en lo que era el corral, se ha construido una casa moderna; la parte derecha ha adquirido las formas de la casa montañesa popular (no señorial) canónica, con su balcón, etc. El corral de esta parte se ha cerrado y convertido en corralá.

Detalle de ventana del cuarto de la sala, de prestigio:



Detalle del zócalo sobre el que se asienta la casa:



Aflora castru aquí y allá, es decir, roca madre.

Detalle del recrecimiento del soberáu, hecho con ladrillo, y formas geométricas de los respiraderos:



Casa dos:







Es una casa gótica cuya carcasa (no sé por dentro, no lo sé funcionalmente) ha quedado fosilizada en un estadio temprano de desarrollo. A destacar el cuarto del portal, que rompe la línea del hastial.

Detalle de los vanos, piedra de apoyo de uno de los postes y del tejado del portal:



Ambas casas se encuentran en lo que un vecino nos dijo se llamaba Jierra (por la fuente del barrio, añadió). Esta palabra ya sabemos da nombre a un espacio un tanto asalvajado donde soltar al ganado, a diferencia del castellano "sierra". La sucesión de lomas que caen hacia la ría como olas reciben el nombre de El Monte, Cabezón, Jierra y Unquera. Las carreteras que las cruzan se llaman Avenida España y Avenida Abra del Pas. Los topónimos tradicionales no aparecen en los mapas.

lunes, 20 de marzo de 2017

Mogru, isla y pueblo, ¿sustantivo?

Es conocido que la isla de Mouro es en realidad la isla de Mogro o, por mejor decir, isla de Mogru. Lo de Mouro ("moro", en portugués) viene de un cartógrafo portugués ilustrado, que se equivocó. O que puso lo que le vino en gana y nosotros aceptamos sumisos, incluso diría que encantados, va ya para tres siglos. No hemos cambiado tanto.

Otro Mogru lo tenemos dando nombre a un pueblo del abra del Pas.

Mogru ya se ha apuntado que es un topónimo que probablemente presente la raíz prerromana MOR- relacionada con roca. La encontramos en muchos topónimos, algunos asociados (etimología popular mediante) a los moros. También en distintos sustantivos, como moruguetu y moriazu, entre otros.

Apostaría a que hasta hace no mucho mogru ha significado algo concreto, es decir, que ha llegado a funcionar como sustantivo.

Pongo fotos del lugar que creo da nombre al pueblo de Mogru:



Es un peñasco metido en la ría. Es donde muere el paseo marítimo del pueblo, que no es capaz de salvarlo, de tan agreste.

Al otro lado, en dirección a Miengo, hay peñascos parecidos pero de menor tamaño, menos protuberantes:





El peñascal que se ve al fondo se conoce como Las Garmas.

Estamos hablando de topónimos que están a las puertas de Santander. Nuestra toponimia no es recóndita.

Saltadera en Mogru



Saltadera nel corru la ilesia de la Virgin del Monti, nel barriu de Monti, Mogru (Miengu).

La lonja racionalista de Santander demolida, espejo

La lonja racionalista del barrio pesquero de Santander, demolida en connivencia del PP y el PSOE hace unos años, aquí.

domingo, 19 de marzo de 2017

Aselaeru



La estructura de madera que se ve apoyada en la pared del fondo es el aselaeru, de sel (variante seju), que a su vez procede probablemente del latín SEDILE, aunque también se ha apuntado la posibilidad de que se trate de una palabra prerromana.

La foto está hecha en Cantabria y es de Fernando Manso, aquí.

viernes, 17 de marzo de 2017

Nuevo libro y "Los viejos nombres" de Sarrionandia

Este blog no es reflejo de lo que soy.

En él voy depositando reflexiones fugaces, incompletas porque lo que escribo no es todo lo que es, si es que es algo, porque no es todo lo que soy, si es que soy alguien y si ser alguien significa algo.

Incluso hay veces que por no detenerme escribo desde presupuestos que de reparar en ellos no haría míos.

Los contextos hay veces que te los encuentras prendidos a tus palabras, sobre todo cuando son palabras en el umbral de la extinción, que te sitúan del lado de la melancolía o peor, del victimismo.

Lo que no somos no es necesariamente porque nos lo hayan arrebatado.

Cuesta recordarlo.

Hay veces que el mapa está en blanco. Porque lo has olvidado. Porque nadie lo ha levantado, aún. Y yo además me oriento muy mal.

Tras publicar una antología traducida al gallego, Joseba Sarrionandia ha traducido él mismo al castellano una selección de sus poemas en un libro titulado ¿La poesía está muerta? (Pamiela, 2016).

Su portada es perfecta, aunque no comparta su lógica (si lo pienso):



Es un bisonte del cantábrico perseguido por un cazador al que sigue un tropel de levantinos portando carritos de la compra.

No sería la primera vez si digo que mi abuela bastiana procuraba hacerse un vestido igual al antiguo que se le rompía, lo que prueba que el derroche no es algo que haya nacido con nosotros, que es lo mismo que decir que es sobrevenido.

Añado algo nuevo y que yo no sabía hasta la semana pasada, y es que mi madre dice que lo hacía con avellanas, quiero entender que la tela la compraba con lo que ganaba vendiendo avellanas.

No me siento cómodo con este discurso, que es el del victimismo que reclama culpables.

El poema de Sarrionandia que voy a poner a continuación no es el que más me gusta suyo pero sí el que más tiene que ver con lo que vengo escribiendo aquí últimamente. Que lo que más me guste de un libro no sea lo que se encuentre más cerca de lo que yo mismo escribo, tratando, libro y blog, de temas similares, no habla bien ya no voy a decir del blog, sino directamente de mí.

El poema se titula "Los viejos nombres" y viene precedido por el siguiente texto:

Michel Durruty

Nació en 1893, como Vladimir Maiakowsi, George Grosz o Joan Miró, pero en St. Etienne de Baigorry. Joven, tuvo que emigrar a París y no volvió al País Vasco más que ocasionalmente. Tomó parte en las dos guerras mundiales para morir de un padecimiento trivial en 1958.

Pintor de oficio, a los 15 años estuvo en casa de Pablo Picasso en el conocido homenaje que se le hizo a Henri Rousseau, el Aduanero.

Su pintura, influida primero por el impresionismo, tendió luego hacia el surrealismo, y son muy conocidas sus ilustraciones al libro Ossi de seppia de Eugenio Montale.

En francés escribió un libro de reconocida fama: Notes sur la peinture d´aujourd d´hui. En lengua vasca publicó un libro de poemas de menor difusión: Zakur errearen begiak (Los ojos del perro calcinado).

Los viejos nombres

Nacimos en un país bastante
[reducido,
Nuestros antepasados nos legaron
[una patria rústica.
Prósperos negociantes compran,
[baratas o caras,
nuestras tierras y los huesos
[de nuestra gente.
Tierra y huesos, y así pasan
[las estaciones,
y también nos vamos
[nosotros,
que cada vez somos menos
[los que fuimos,
que cada vez somos menos
lo que fuimos.
¿Qué quedará para después? Algunos
[nombres de lugar
quizás: Ursouia, Itchasou,
[Irouleguy,
Aussurucq o Tchoko
[Maitia...
nombres de lugar que la gente pronunciará
[con cierto aire misterioso.

jueves, 16 de marzo de 2017

Significado de bárcena

Básicamente se barajan dos opciones para explicar bárcena: o de una raíz prerromana que varía (si bien es cierto que mínimamente) de un autor a otro o bien del latín MARGINEM, "margen", etimología propuesta por Manuel García Alonso y que es la que seguimos en este blog.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define bárcena así: "lugar llano próximo a un río, el cual lo inunda, en todo o en parte, con cierta frecuencia".

Manuel García Alonso dice que bárcena es el espacio que queda entre un monte y un río. De ahí lo de margen. Si fuera entre dos montes pasaría a ser un valle o una vega (el valle tiene una connotación administrativa que no tiene la vega).

El problema es que ya no se sabe lo que significa bárcena, que las dos definiciones están inferidas de las características del terreno, es decir, del lugar al que el topónimo da nombre, lo cual condiciona la etimología.

Si el camino lógico es de la palabra al terreno ahora que no recordamos lo que significa la palabra vamos del terreno a ésta. Pero esta vía es peligrosa. Estamos ante una palabra en el umbral. Está a punto de morir, si no lo ha hecho ya.

Yo una vez pregunté a un chico de Ruente y me dijo que bárcena sí era una palabra viva, que él la entendía asociada a río y a tierra desprendida del monte, aunque tampoco me supo concretar. Es un chico vinculado a la librería La Libre de Santander; si me lee, por favor, que ponga aquí su opinión.

El otro día Raúl Molleda en la conferencia que impartió precisamente en La Libre añadió una tercera posibilidad: que bárcena proceda del montañés barciar, "verter". La bárcena sería el lugar donde el río deposita sedimentos, sustantivamente tierra, no piedra, en cuyo caso pasaría a ser una lera o (palatizado) llera (ribera pedregosa). Este lugar enriquecido periódicamente por el río pasaría a ser bueno para el cultivo, aunque queda por resolver el modo como se gestionaría el aporte periódico de sustrato y de su vehículo, el agua, es decir, las crecidas del río.

Pongo barciar y no *varciar porque no tengo yo claro que proceda del castellano vaciar, porque no significa vaciar sino verter y por último porque Manuel Llano escribía este verbo también así. Por cierto, que de barciar, barciaeru, "vertedero".

miércoles, 15 de marzo de 2017

Cabruñando



La punta del lápiz a cuchillu, dejará.

Conferencia sobre La Vijanera esta tarde a las 19:30 h. en la Biblioteca Central

Conferencia de Avelino Molina sobre la árdua tarea de recuperación de La Vijanera en los años ochenta hoy a las 19:30 en la Biblioteca Central de Cantabria, antigua Tabacalera, aquí.

Conferencia del profesor Ortega sobre territorio y paisaje en Cantabria, este jueves a las 19:30 h. en el COACAN

La familia camba

Terminé el otro día una novela en gallego de un autor que me gusta mucho, Ameixeiras (por el título de la entrada pudiera parecer que iba a hablar de Julio Camba, pero no), e hice recopilación de palabras que me llamaron la atención, las siguientes:

- Arfar ("respirar con dificultade por algunha causa", entre otras acepciones), que vale por nuestro angear.
- Estrar ("tirar cousas polo chan de forma desordenada", entre otras), nuestro astrar.
- Parola ("conversa informal e agradable sobre temas de pouca importancia"), nuestra parlá, de donde parolar y parlar, respectivamente.
- Esvarar (sinónimo de escorregar, que todo apunta a que está emparentado etimológicamente con nuestro escurrir y quizá con esborregar), para nosotros alesnar (deslizar) y no lejos de esbalagar (resbalar) y abasniar, aquí.
- Anaco ("unidade menor que resulta da división doutra maior", entre otros significados), nuestra bita, aquí.

Las definiciones las he tomado del diccionario de la Xunta, aquí. El de la Real Academia Galega es impracticable.

Pero lo que de verdad me ha llamado la atención es encontrarme con el verbo cambalear.

En portugués cambalear significa "no andar derecho" y "dar pasos inciertos como quien va a caer".

En gallego cambalear y cambar significan "moverse alguien o algo de un lado a otro como si fuera a caer". Ambos verbos proceden, según el diccionario de la Xunta, de camba, con varios significados: (1) "cada una de las piezas en forma de arco que constituyen la rueda del carro" (como en montañés); (2) "molino de mano"; y (3) "cada una de las piezas laterales de piedra que forman el marco de una puerta o de una ventana" (sinónimo de xamba). Este camba que está en la raíz de cambalear y cambar procede para nuestros vecinos o del occitano CAMBA, "pierna", o del céltico *CAMB, "cosa curva".

Para nosotros cambalear es dar un paseo sin rumbo. El origen que hemos apuntado para este verbo es la camba o pieza curva de las ruedas de los carros, que a su vez procedería del término céltico arriba apuntado. Pero que al centollo, con sus patonas, se le conozca en nuestras costas como cámbaru nos obliga a no despreciar la opción occitana, influencia que estoy seguro que a medida que profundicemos en la lengua irá aflorando más y más (por ejemplo dalle dicen que es palabra de influencia occitana).

De camba (proceda del céltico o del occitano) deriva nuestra cambera, que en algunos sitios se dice campera, así como camberón, "camino carretero" y "camino carretero entre taludes", respectivamente.

Del portugués cambalear deriva cambaleo. En montañés, cambalúa, "el paseo que se da sin rumbo", con el sufijo -UCA > -uga > -úa diferente de -UCCA > uca, ambos de origen discutido.

A esta familia se suman los siguientes parientes:

En gallego cambada, "sarta". En montañés cambá es lo que se siega de una vez, a guadaña. En Castro Urdiales cambada significa, uno, la cantidad de hierba que se junta cuando está seca para bajarla hasta el carro rondado y, dos, "en la mar eran las capas de carga que transportaban los veleros", según Javier Garay. Me gusta mucho esa ampliación del campo semántico que representa la segunda acepción de la cambada castreña.

El gallego cambadela es el tipo de salto que dan los danzarines blancos de La Vijanera para hacer sonar sus campanillas: "(...) xirando o corpo no aire sobre a cabeza". No sé si habrá forma de decirlo en montañés. Para lo que sí tenemos palabra de esta familia es para la voltereta: cambolita.

Según el wickionariu, proyecto digno de admiración, cambáu es la media luna que se coloca en los extremos de la base de la cuna que permite que se la pueda mecer y cambón cada aspa de la rueda del molino de agua así como del batán que se conserva en el pueblo lebaniego de Ledantes.

martes, 14 de marzo de 2017

Sastanàqqàm, de Tinariwen

Casas asturianas sin troneras y con hórreo



Y ahí está el asunto: ¿alguien ve en el tejado de las casas aledañas al hórreo de esta antigua foto de Asturias alguna tronera? Yo no.

Recordemos que nuestras troneras sirven para que se oree la cosecha almacenada en el soberáu que está encima de la vivienda, a la par que el pajar, que está encima de la cuadra.

Si no hay tronera es que no hay cosecha en el soberáu que orear ni, apurando, tan siquiera soberáu: por eso es que el hórreo está tan presente en Asturias y no tanto entre nosotros, porque entre nosotros triunfó el soberáu y no entre asturianos.

Pontarrón



La familia de la foto está identificada como la de Fernández de los Ríos, vasca o cántabra, de finales del s. XIX.

Para el montañés pontarrón, aquí.

Etimología de Cantabria a partir de la palabra gándara

En los primeros encuentros de historia de Cantabria, a finales de los noventa, el profesor Morales defendió que el macrotopónimo Cantabria está relacionado con el agua, contradiciendo así la hipótesis hoy ampliamente aceptada de que procede de una raíz prerromana CANT-, "piedra", presente en el pico Candiano (en la ría del Asón, que creo no aparece recogido en los mapas pese a la importancia icónica que disfruta entre la población local) o monte Candina, entre otros, así como en la palabra gándara enmascarada bajo su variante GAND-, que ha dado lugar a topónimos directos como Gándara, la cordillera donde destaca Peña Cabarga.

En la conferencia del otro día en La Libre Raúl expresó sus dudas sobre la palabra gándara. Que estaba relacionada con piedras, sí, pero no sabía la diferencia que había respecto a garma.

Garma, como el propio ponente explicó, es un lugar con tantas piedras que se hace difícil pasar. Cuando estas piedras son de gran tamaño, añado yo, recibe el nombre de biércol o abiércol, al menos en el Alto Nansa.

Tomando después unas cañas con Raúl, Aparicio nos aclaró que gándara es una garma entre cuyas piedras corre el agua, como por ejemplo pasa en La Gándara, la campa donde nace el río de igual nombre, también conocido entre los vecinos como Soba (y que aquí propuse podría haber sido conocido también como Rufaco).

La palabra gándara, prerromana, no olvidéis que presenta la raíz GAND- que se toma como variante de la raíz CANT-.

Así, el habla viva nos está informando sobre la etimología de Cantabria, que bien podría tener que ver con piedras, sí, pero también con agua, satisfaciendo de esta manera las dos hipótesis que están encima de la mesa. La realidad supera con mucho lo que podamos imaginar.

Dejo este hilo tendido para otros.

Para que luego digan que el patrimonio lingüístico de Cantabria no es importante, que no merece ser declarado BIC.

lunes, 13 de marzo de 2017

Escalera de acceso a campanario en Soba



En Quintana, creo recordar.

Columnas y canecillos de Soba

Abundan las columnas en los pueblos que están bajo la cota de Gándara, en Soba:



Los canecillos de las casas, de madera, apenas presentan decoración. Los de la foto, en Quintana, pueden pasar por excepcionales.

Sustitución de lastras por tejas en cubierta de Soba



En una fresquera sobana: las lastras originales están esperando ser sustituidas por teja, aunque parece que va para largo. No hemos visto lastras en ninguna otra construcción del valle.

Pesas



Pa caltener ircíos los cultivos del otru láu.

N´Hazas de Soba.

Encendiendo el motor

El otro día asistí a una conferencia de Manuel García Alonso sobre bioconstrucción y arquitectura tradicional en el Colegio de Arquitectos de Cantabria y la conclusión a la que llegué de la mano del ponente es que no se trata de replicar con mayor o menor acierto una arquitectura que formalmente está ligada a un estilo de vida caduco (tomando como referente la casa montañesa canónica, fosilizada ideológicamente las primeras décadas del siglo veinte) sino de reactivar los mecanismos adaptativos que nuestros antepasados han ido afinando durante siglos.

No se trata de levantar casonas de pin y pon más bonitas, sino de entender la arquitectura tradicional, es decir, la razón por la que la inclinación de los tejados es la que es o el porqué de las jardineras en el exterior del balcón, por ejemplo, para, sumando -muchos pocos hacen un mucho-, empezar a practicar una arquitectura respetuosa con el entorno, sostenible.

No la cosa
sino la idea
que explica la cosa.

Vale también para los pueblos que se están quedando vacíos. No se trata de regresar al pueblo. El arraigo no es necesario. Mi pueblo no necesita sangre de mi sangre. Lo único que necesita es respeto, cualquiera que sea el lugar de donde proceda: antes de forasteros informados que de paisanos obtusos (que no todos lo son, ni unos ni otros).

Pero se me podría tachar de conservador, y con razón. Se podría decir: "nada de respeto, aquí lo único que necesitamos es romperlo todo y empezar de cero". Y a lo mejor sí, no digo que no. Quizá cuando echamos la vista atrás no alcanzamos a ver tras las bambalinas, con una tonga de siglos, solo el telón de fondo, lo que brilla y todavía no se ha llevado la urraca en el pico, lo bonito. Que se lo pregunten no al señorito que va de caza, sino al montero.

Que a qué respetar la orientación tradicional de las casas, se podría argüir, con los radiadores actuales. Que por qué no una casa de cristal entera o a qué piedra, si hormigón.

Tengo para mí que el cambio, que es inevitable, cuando no es espurio (ajeno a la naturaleza de lo que cambia), es decir, cuando el cambio es natural (aplicando aquí el significado cabuérnigo de natural, algo acorde con la naturaleza) pasa a ser adaptación.

La adaptación es el cambio que respeta la naturaleza de lo que cambia o cambio natural.

No la cosa
sino la idea
que explica la cosa
y hace que ésta sobreviva
adaptándose.

No la cosa
sino la idea
que explica la cosa
y hace que ésta sobreviva
cambiando
pues no es sino éso, el ser:
otro.

¿Pero quién dice cuál es el punto A que cambia y el punto B que resulta del cambio, quién identifica cuál es el vector del cambio y si éste es espurio o natural?

El otro día un paisano me aseguraba que el sistema ganadero extensivo cabuérnigo funcionaba. Nada tiene de extraño. A fin de cuentas, si el sistema del norte de Europa, equivalente al nuestro, funciona, ¿por qué no iba a hacerlo el nuestro? En Europa nuestro país ha caído dentro de la casilla del turismo de masas, y Cantabria, como el resto de la denominada España verde, con vocación productiva sistemáticamente desatendida por minoritaria dentro de un país volcado al sur, se ha quedado fuera del tablero. Así lo veía el paisano.

Para responder a las preguntas que han quedado antes en el aire hay que recurrir, creo, a la memoria y a nuestra capacidad de decisión, que es motor de la memoria. Ambas son categorías subjetivas.

El pasado no existe. El pasado que decidimos reproducir de acuerdo con unas coordenadas actuales intencionadas (no necesariamente para mal) es aquél del que decidamos (de forma activa o pasiva) ser herederos. El punto donde posamos los ojos cuando volvemos la mirada (mirar como acto cultural frente a ver como acto fisiológico). La memoria es ese ejercicio.

El antiguo pastor al que hacía referencia dos párrafos atrás no rechazaba el cambio, sólo aquél del que él no se sentía heredero. Nada es igual siempre, y eso él lo sabía: lo que no cambia, muere. Es dictado natural. El extrañamiento, entonces, le venía de la renuncia o la marginación (endógena la primera y exógena la segunda, que no sé cuál de las dos corresponde) a que se había visto sometida su memoria individual y colectiva.

Nada nos impide levantar, efectivamente, un cubo de cristal en mitad de la mies. Pero si lo hacemos vamos a desactivar la carga subjetiva, la experiencia, que da sentido al espacio, convirtiéndolo en paisaje: que sin esa capa, deshumanizado, quedaría reemplazado por las coordenadas UTM del vacío.

Para ser realmente libres es importante estudiar la idea, no la cosa, y la idea, si me apuráis, no es el modo como la arquitectura tradicional se adapta al entorno, sino el modo como se entiende (o entendemos) el cambio.



Portal purriegu, aquí.

Olmo Calvo

Obra de este fotógrafo cántabro de primer nivel, aquí.

sábado, 11 de marzo de 2017

Los Planetas - Islamabad

Amparo Coterillo, concejala del PRC en Santander, sobre el Archivo Lafuente

"Mientras hablamos del Archivo Lafuente, ignoramos que la Biblioteca Municipal o la Hemeroteca no tienen los fondos digitalizados, cuando tienen un valor increíble... Los investigadores toman notas a mano y hacen fotos con el móvil. Me parece una chulería impresionante y una arrogancia adelantarle al Gobierno 400.000 euros para este proyecto y que luego todo el plan de bibliotecas cuente sólo con 75.000 euros. Nadie nos va a solucionar desde fuera y desde arriba la situación."

viernes, 10 de marzo de 2017

Los espacios se reescriben, se releen

Sejos:



Al pie de esta peña:



Pintadas:



En el paraje conocido como El Joracaéru, aquí:

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