sábado, 19 de agosto de 2017

Introspección

"¿Cuántos rostros ve un paseante en París, en una sola tarde? ¿Cuántos miles? No lo sé. Lo que sí sé es que entre todos ellos componen una larga serie, a la vez monótona y variada. (...)

El joven que se ha sentado frente a mí en el metro, por ejemplo, es de piel negra, calvo, de expresión seria y arrogante; a su lado va un hombre maduro y muy bien vestido, con el pelo y las cejas grises, con ojos que han debido de leer mucho mucho y parecen miopes y fatigados. (...)

Los rostros de la ciudad son, efectivamente, iguales y diferentes a la vez. Y, pensándolo bien, ¿no es ésa una de las cualidades del fuego? En la época en que no había televisión, los niños se resistían a dejar su asiento frente al hogar, porque la visión de las llamas los entretenía y tranquilizaba al mismo tiempo. Una sensación que conocen bien los que acostumbran a contemplar el mar. La sensación que, por otra parte, buscaban los arquitectos árabes al utilizar ese continuum que es el arabesco, representación de la infinitud divina. (...)

Vuelvo a mi apartamento y me pongo a escribir cartas a las personas que durante el trayecto han acudido a mi memoria, o a transcribir ideas que han surgido horas antes, tras ver el rostro número 340 o cualquier otro de la serie. (...)"

Bernardo Atxaga en "Horas recuperadas", capítulo de Horas extras, magnífico libro recién publicado por Huerga & Ortega.

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