viernes, 17 de marzo de 2017

Nuevo libro y "Los viejos nombres" de Sarrionandia

Este blog no es reflejo de lo que soy.

En él voy depositando reflexiones fugaces, incompletas porque lo que escribo no es todo lo que es, si es que es algo, porque no es todo lo que soy, si es que soy alguien y si ser alguien significa algo.

Incluso hay veces que por no detenerme escribo desde presupuestos que de reparar en ellos no haría míos.

Los contextos hay veces que te los encuentras prendidos a tus palabras, sobre todo cuando son palabras en el umbral de la extinción, que te sitúan del lado de la melancolía o peor, del victimismo.

Lo que no somos no es necesariamente porque nos lo hayan arrebatado.

Cuesta recordarlo.

Hay veces que el mapa está en blanco. Porque lo has olvidado. Porque nadie lo ha levantado, aún. Y yo además me oriento muy mal.

Tras publicar una antología traducida al gallego, Joseba Sarrionandia ha traducido él mismo al castellano una selección de sus poemas en un libro titulado ¿La poesía está muerta? (Pamiela, 2016).

Su portada es perfecta, aunque no comparta su lógica (si lo pienso):



Es un bisonte del cantábrico perseguido por un cazador al que sigue un tropel de levantinos portando carritos de la compra.

No sería la primera vez si digo que mi abuela bastiana procuraba hacerse un vestido igual al antiguo que se le rompía, lo que prueba que el derroche no es algo que haya nacido con nosotros, que es lo mismo que decir que es sobrevenido.

Añado algo nuevo y que yo no sabía hasta la semana pasada, y es que mi madre dice que lo hacía con avellanas, quiero entender que la tela la compraba con lo que ganaba vendiendo avellanas.

No me siento cómodo con este discurso, que es el del victimismo que reclama culpables.

El poema de Sarrionandia que voy a poner a continuación no es el que más me gusta suyo pero sí el que más tiene que ver con lo que vengo escribiendo aquí últimamente. Que lo que más me guste de un libro no sea lo que se encuentre más cerca de lo que yo mismo escribo, tratando, libro y blog, de temas similares, no habla bien ya no voy a decir del blog, sino directamente de mí.

El poema se titula "Los viejos nombres" y viene precedido por el siguiente texto:

Michel Durruty

Nació en 1893, como Vladimir Maiakowsi, George Grosz o Joan Miró, pero en St. Etienne de Baigorry. Joven, tuvo que emigrar a París y no volvió al País Vasco más que ocasionalmente. Tomó parte en las dos guerras mundiales para morir de un padecimiento trivial en 1958.

Pintor de oficio, a los 15 años estuvo en casa de Pablo Picasso en el conocido homenaje que se le hizo a Henri Rousseau, el Aduanero.

Su pintura, influida primero por el impresionismo, tendió luego hacia el surrealismo, y son muy conocidas sus ilustraciones al libro Ossi de seppia de Eugenio Montale.

En francés escribió un libro de reconocida fama: Notes sur la peinture d´aujourd d´hui. En lengua vasca publicó un libro de poemas de menor difusión: Zakur errearen begiak (Los ojos del perro calcinado).

Los viejos nombres

Nacimos en un país bastante
[reducido,
Nuestros antepasados nos legaron
[una patria rústica.
Prósperos negociantes compran,
[baratas o caras,
nuestras tierras y los huesos
[de nuestra gente.
Tierra y huesos, y así pasan
[las estaciones,
y también nos vamos
[nosotros,
que cada vez somos menos
[los que fuimos,
que cada vez somos menos
lo que fuimos.
¿Qué quedará para después? Algunos
[nombres de lugar
quizás: Ursouia, Itchasou,
[Irouleguy,
Aussurucq o Tchoko
[Maitia...
nombres de lugar que la gente pronunciará
[con cierto aire misterioso.

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