sábado, 17 de enero de 2015

Casas con la fachada de tablas, mijotales, Vicente Risco y los saquitos al cuello, regalos de pedida, tablas pero esta vez en el suelo de las casas montañesas y despedida

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Aquí puse fotos de las fachadas de tabla que quedan en Santander. Se me quedó la de la foto, en El Alta o L´Alta, frente a la entrada del elevador de San Roque, donde antaño había un molino de viento. Ahora sí creo que están todas. La casa que está junto al solar que dejó el edificio de Diputación al tirarse, solar conocido como de Moneo, está a punto de ser derribada.



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No me acordé cuando traté el tema de los no-muertos del Proyecto Mauranus que aquí ya había dedicado una entrada a los mijotales de Escobedo.

Foto de saquito gallego:



"Hay reescritos de varias clases: contra rayos, centellas e incendios, contra bestias dañinas, contra las lombrices de los niños, contra los males de la casa, etc. En otros tiempos los hacían los curas a mano, pero también los había impresos, como los de ahora. Van encabezados por una cruz con siglas como las de la cruz de San Benito o la de Santo Tomás de Aquino. (...) Los reescritos tienen que estar benditos y llevan muchas veces escrito a mano el nombre de la persona para quien son. Se ponen en la puerta de la casa, de la cuadra, en la cama, etc. para defenderse de los males contra los que están hechos, o se traen encima, según los casos". Vicente Risco.

En García Preciado: Cuentos..., tomo 5, pp. 119 y 120 hay numerosos testimonios sobre evangelios que se llevaban al cuello y que se ponían en las puertas de las cuadras.

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En Cabuérniga el regalo de pedida del novio a la novia era una cuchar (plural cuchares). Parece exótico, pero era así. Creo que aprovechó la idea el autor de El último soldurio vía Ocejo.

En Galicia, en concreto en el Val de Vea (A Estrada), los regalos eran una espadela y un espadeleiro.



La fotografía está tomada en el Museo del Pueblo Gallego (Santiago de Compostela).

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Aquí expliqué cómo se ponían las tablas en el piso superior de las casas montañesas: en sentido perpendicular a la fachada, es decir, en líneas paralelas al jastial, hasta tocar la pared opuesta. Sospecho que las tablas estaban en relación con los árboles que se talaban y con la anchura de las casas, es decir, que las tablas se buscaba que encajaran perfectamente, pero no lo he podido comprobar, es solo una suposición mía, que estoy sobrecogido por la coherencia de nuestro sistema cultural. Lo que sí he visto, y me han dicho, es lo contrario, es decir, que cuando se llegaba a la pared opuesta a la pared de donde se había partido, las tablas no solían encajar, lo que obligaba a cortarlas.

En una casa rehabilitada de Santiago de Compostela fotografié la misma solución:



Y es que las rehabilitaciones no se deben centrar en la estética, en lo que se ve, sino en los procedimientos. A iguales procedimientos, iguales resultados. O no iguales, pero sí equivalentes: válidos, en definitiva. Incluso se podría haber extrapolado el procedimiento para aplicarlo a un material distinto a la madera, en el caso concreto de la foto. En mi opinión, si se aplica el procedimiento tradicional (la gramática) el resultado (la oración, la frase) siempre será válido, cualquiera que sea éste. Bueno, es un poco arriesgado lo que acabo de decir, pero al menos hoy me parece razonable.

Y ésta es una forma de rehabilitar una escalera interior de trancos, en la misma casa gallega:



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De pequeño, antes de cumplir los once, cuando me convertí en capitalino, siempre que veníamos a Santander me compraban un sobre de soldaditos en el quiosco que había aquí, entre las dos alamedas.

Qué tontería, pero qué pena me ha dado.

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