viernes, 27 de diciembre de 2013

Sistemas binarios

Leo aquí que unos investigadores acaban de descubrir en Polinesia indicios de un sistema binario anterior a su descubrimiento oficial durante la Ilustración.

"Bender y Beller no han descubierto nada parecido a un pergamino polinesio densamente cubierto de ceros y unos, ni mucho menos una cinta perforada. Lo que han hecho es analizar el lenguaje de Mangareva —uno de los cientos de idiomas de la familia austronesia habladas en las islas del Pacífico— en el contexto de su modo tradicional de vida y las características de sus bienes más preciados de consumo y sus transacciones comerciales, ofrendas, fiestas y demás. Esta forma de vida está en acelerado proceso de extinción, y con ella el sistema aritmético y la propia lengua de los mangareveños, de la que solo quedan ahora unos 600 hablantes en la isla.

Una evidencia del uso de las potencias de 2 —es decir, del sistema binario— en el comercio tradicional de Mangareva son los valores (o taugas) asociados a los bienes más valorados en la isla: tortugas (1 tauga), pescado (2), cocos (4) y pulpo (8). Otro producto valioso es el fruto del árbol del pan (Artocarpus altilis), llamado en inglés breadfruit (fruto del pan). Los frutos del pan de segunda fila valían lo que un coco (4), pero los mejores igualaban al pulpo (8). Recuerden que 1, 2, 4, 8,... son las potencias de 2."

Todo esto me recuerda al sistema basado en el número 7 que rige los sarobes vascos, equivalentes a nuestros seles (la diferencia entre los suyos y los nuestros es que los suyos fueron normalizados por ley, y los nuestros no, lo mismo que pasó, mutatis muntandis, con nuestros respectivos estatutos republicanos). Aún más, los pasiegos siempre me pareció que tenían una forma de contar particular y que incluso manejan alguna medida peculiar, quizá basada en un sistema ajeno al decimal. No sería raro. A fin de cuentas, por mucho que el sistema decimal sea bastante intuitivo, el binario también lo parece (cualquiera seguro que lo es para el que lo utiliza), no tiene por qué haber sido el decimal el único en nuestra historia. Sería genial que alguien cogiera el libro de Penny sobre los pasiegos y echara un ojo para ver si encuentra algún indicio de un sistema ajeno (previo o en paralelo) al decimal. Probablemente también aparezca algo en el que dedicó el mismo autor a los tudancos.

Seles turísticos... en el País Vasco (no aquí)

En la página de turismo del País Vasco se ofrece una selección de recursos de interés con sus respectivas fichas. Para mi sorpresa se incluye como recurso turístico de primer nivel un conjunto de seles (que ellos conocen como sarobes y que a la hora de buscar su traducción al castellano no han tenido otra opción que recurrir a una palabra astur-leonesa, sel, porque en castellano no la hay) en el parque natural de Urkiola; con un par. Está aquí. Ya sabemos que los vascos son odiosos y que no les tenemos ninguna envidia, pero, por una vez, no estaría mal que hiciéramos un mínimo esfuerzo por parecernos aunque sea un poquitín a ellos. Más que a ellos, a su forma de hacer las cosas: bien.

No sé por qué me ha venido a la cabeza un chorcu de lobos en el límite asturiano con Cantabria. Está rehabilitado y representa uno de los principales activos turísticos de la zona. Yo mismo fui a verlo de chaval, con el instituto. En Cabuérniga, encima de Selores, a un paso del pueblo, hay otro chorcu brutal, de dimensiones enormes, prácticamente intacto, pero... olvidado y, por ende, desaprovechado.

Más ataques de El Diario Montañés a nuestra ganadería

Hace un par de días El Diario Montañés publicó una noticia sobre una mafia gallega que se dedicaba a drogar a las vacas para que dieran más leche, una mafia con tentáculos, al parecer, en Cantabria. La noticia estaba acompañada al menos en la edición web por la foto de una feria de ganado tudanco. Y me pregunto yo, ¿pero cómo se les ocurre? ¿Qué clase de apoyo presta este periódico a la ganadería de Cantabria? ¿No debería alguien demandarles? ¿No debería la Consejería de Ganadería pegarles un toque o amenazarles con retirar la publicidad institucional si no corrigen una línea editorial tan nefasta para la ganadería de Cantabria? No sé, sinceramente, cuánto de tonto es el encargado de seleccionar las fotos en este periódico, pero tonto está visto que es. O tonto o hace lo que hace porque tiene algún interés oculto en hacerlo. Yo creo que es rematadamente tonto, sin más. Pero la Consejería de Ganadería debería estar más atenta, más ahora que parece que se quiere potenciar la economía verde. Es muy malo que haya un único periódico local de éxito.

sábado, 21 de diciembre de 2013

¿Ubi moras?

San Simón es una cuesta no chica. El otro día, subiendo despacio, saludo a una mujer que subía más despacio que yo. La saludo mientras la adelanto. Lo hago porque creo adivinar que es del barrio. Ella me para y me pregunta que si la he visto, que se la han llevado ellos, que ellos creen que no pero que ella lo sabe, que cómo no lo va a saber siendo ella su madre, que la tienen ellos, que si la he visto, que si la conozco, que si la he visto, que si la conozco, ¿la has visto?, ¿no la conocerás?

No señora, no.

La adelanto. Llego a mi calle y a la altura de mi casa se acerca otra señora con el pelo aplastado, grasiento de freír patatas, de hacer huevos fritos, de freír panga, de freír más patatas, me pregunta si conozco a esa señora, que si sé quién es, ¿la conoces?, ¿sabes quién es?

No, mire, no.

¿Y a mí, me conoces a mí?

Tampoco.

Esta otra señora lleva un carrito de la compra. Yo creo que lo lleva vacío pero no sé si va a hacer la compra o está ya de vuelta. Es difícil saberlo.

Por la noche

Raquel se compró una bicicleta de esas plegables, con rueditas pequeñas pero muchos cambios, en un mercadillo de Valle. Normal que la vendieran, en Valle. La ató una noche en la farola de enfrente de mi casa. Yo apenas duermo. Hacia las cuatro de la mañana oigo un tintineo en la calle. Me asomo al balcón y veo a un chaval borracho intentando robarla mientras charla con una chica, con un par. Aviso a Raquel y entre los dos les llamamos la atención. La pareja se va a un bar que no cierra a la hora, el Urban, que lo lleva un chico que me parece bastante repelente, la verdad, pero eso son cosas ya mías. Bajamos a por la bici para meterla en el portal. Vemos a un pescador que llega cargado de trastos y colgada de su cuello a una prostituta. Es vecino de enfrente. No deja entrar a la chica. La chica se va haciendo eses. A lo mejor no es prostituta. Sale un borracho del bar y se le arrima. Raquel y yo subimos. Una vez arriba, me asomo de nuevo al balcón. La chica se deja. El chico se la lleva a un callejón donde la gente aparca sin OLA. Ya no se ve más. Ya no quiero ver más. Me meto en la cama. Yo es que apenas duermo.

Tres libros

El pasado fin de semana, o quizá hace ya dos, no me acuerdo bien, estuve en Bilbao. Tomé nota de tres libros que me parecieron interesantes:

- Las brujas de Zugarramurdi, de Mikel Azurmendi.
- El árbol de Guernika, en Abada.
- Casa y familia en Vasconia, de hace unos años.


La del primero del portal de al lado

Mi vecina del primero del portal de al lado es muy mayor. Va siempre con un gorro de lana y un abrigo largo. Suele calzar zapatillas. Siempre que te ve te pide la hora. Cuando se la dices te pregunta si del día o de la noche. Yo siempre le digo que del día, no por nada, es que salgo poco. Una vez sacó a pasear a su perro muerto. Me lo contó ella misma, cuando le pregunté por su perro, obviamente pensando que seguía vivo. Se murió y no se enteró. Le sacó a pasear y los vecinos llamaron a la policía. Se llevaron al perro en una bolsa de basura. Ella vive sin luz, nos decía una vez el vecino de al lado, de balcón a balcón. Le han cortado todo. Tenemos miedo a que un día prenda algo, nos decía el vecino, que es peruano y su compañero marroquí. Hoy hace mucho frío. Como cualquier otro día. Su portal tiene la puerta abierta para evitar el hedor, siempre. Echa migas de pan a los pájaros. Lo suele hacer a escondidas, en las esquinas, para que de para más. Echar migas de pan en una esquina es como echarlas en dos sitios a la vez, esto ya lo dije. Yo las echo en el balcón. Ella también tiene balcón. Se lo tengo que decir.

Mi vecina

El día se está ennegreciendo.

He madrugado para ir a la biblioteca de la UC. De la calle del Sol, donde vivo, hasta Los Castros, donde está el Inter, he visto de todo: a un gato asomando por un ventanuco, unos azulejos antiguos preciosos pegados en la medianera de una casa que colinda con un solar, una señora con bata de guatiné azul en un balcón del mismo color lleno de tiestos y con un perro de aguas asomando por el hueco de la baranda, la zanja de una obra con la tierra de origen, tierra virgen, asomando, redes azules protegiendo una huerta de los pájaros, una bandada de gorriones al corso...

De vuelta al barrio, me he tomado un café en el bar al que van los vecinos. Es muy distinto a los bares a los que van los que dicen (decimos) la calle del Sol. En este bar, el barrio es todavía el del Carmen. El ambiente es siempre duro, es mejor no esperar nada distinto a lo habitual. Aun así, suelo encontrarme a gusto, aunque no es el mejor sitio para leer, que es lo que suelo hacer cuando voy solo a un bar y pido un café.

Un café, Emilio. La chica de al lado lleva puesto un plumífero que atufa a alcanfor. El olor me impide ensimismarme y no me queda más remedio que fijarme en: las expresiones giradas que produce el hambre. Esa pareja, por favor, está que se cae. Me empiezo a apenar y me voy. Hoy no tengo cuerpo. Y eso que había empezado bien el día.

Me acerco al súper. Hay varios. Voy al barato, claro. Hago un poco de compra y a la salida veo que una madre con su hijo de no más de diez años le da un brick de gazpacho (mi primera vez fue a los 22 años, en una fiesta que mis compañeros de piso catalanes organizaron para que lo probáramos mis compañeros angoleños y yo) a una señora con aspecto harapiento que está sentada en un banco a pocos pasos del súper. La señora pregunta a la madre: "¿pero es pa comelu?", literal. Ahora sí que sí, la tristeza me ha alcanzado de lleno.

Han pasado varias horas desde que escribí lo anterior. Voy a contarte algo solo a ti, ahora que los agregadores ya han archivado la primera versión de esta entrada y nadie más va a leer ésto: acabo de echar unos maicitos a mi balcón, y los he pisado. No han tardado en llegar los gorriones a llevarse los cachos. Hay uno que los está comienzo en mi balcón, no se ha ido a otro sitio, está aquí, al otro lado del cristal, conmigo. Tengo la estufa encendida. Si abro la puerta del balcón se va el calor.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Y no sé por qué

Esta foto del mostrador de una carnicería cerrada...


...me recuerda mucho a la de un taller de abarqueru que puse aquí.

Ganaderos en el diario montañés

Ayer El Diario Montañés informaba en su web que cada vez hay más calendarios nudistas a la venta. La noticia está aderezada por una chica en pelotas. Muy edificante todo.

También publicaba una noticia sobre la reciente feria de ganado de Cabezón de la Sal. La foto publicada en la edición en papel es la de un grupo de paisanos fumando y bebiendo de una botella a gollete. Y me pregunto yo, ¿no había otra foto no digo más respetuosa, sino ya, aunque sea, más representativa del hecho noticiado? Echo un ojo a la misma noticia en edición digital y veo fotos de una niña posando al lado de una mierda de vaca, paisanos de espaldas, hablando al escucho entre ellos... todo muy sórdido. Os pongo aquí el enlace a la noticia.

Por lo visto el fotógrafo (que mira "diferente", como anuncia su web, aunque me temo que los prejuicios con los que lleva cargada su mirada no son nada nuevos) también hace reportajes de boda. Y me pregunto (una vez más), ¿si yo, paisano, me caso... cómo me sacará? ¿Me pondrá también al lado de una mierda de vaca?

Por cierto, ¿y las chicas desnudas del calendario, a cuento de qué las he sacado aquí? Pues para sumar visitas en la web, como hace el diario montañés.

Y ya que estamos con el diario montañés: el fotógrafo es el que hizo las fotos, sí, pero el diario montañés es el que seleccionó las que seleccionó, y no otras. Este periódico de verdad que no sé como sigue vendiendo ejemplares. Aunque a lo mejor no sigue vivo por los ejemplares que vende, sino por los tejemanejes que tiene montados con el Gobierno de Cantabria, con Fraile y Blanco, etc.

Mitologías fundacionales

No sé lo que habría antes, pero aquí las primeras poblaciones fijadas al territorio dependían de los señores. Los concejos no creo que fueran formas de resistencia frente al poder. Al contrario, los concejos temo eran formas de control en sí. Es más, los señores no creo que tomaran los concejos al asalto, no creo que se apropiaran de los concejos porque ya eran de su propiedad, fueron ellos los que los pusieron en marcha, ellos sus padres. No sé lo que habría antes, pero el germen de lo que conocemos no puede ser benigno. Lo que mal empieza, mal acaba. Y en esas estamos.

No hay nada intrínsecamente bueno por recuperar, nada perdido, nada que nos arrebataron (esa idea tan judeocristiana). Bien mirado, eso me tranquiliza. Los humanos somos una especie todavía por hacer. Nos estamos haciendo, sobre todo, por dentro. La libertad (en sentido amplio) no es algo que tengamos que recuperar, que hayamos perdido, que nos haya quitado nadie. Es algo que tenemos que lograr. Nada de mitologías fundacionales.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Galerías santanderinas

Seguro que no hace falta decirlo, pero por si las moscas lo hago. Hay muchas galerías en Santander que no nacieron con las casas donde se encuentran, sino que vinieron después. Esto se nota sobre todo en los casos en que se advierte la forja del balcón de origen tras los cristales o en aquellas fachadas que presentan una única galería y muchos balcones. Se me escapa cuándo empezaron a aparecer las galerías en Santander. Quizá una forma fácil de saberlo sea revisar la iconografía del Paseo Pereda, cuyas casas se levantaron sin galerías y que en la actualidad prácticamente tienen una por piso. ¿Coincidirán cronológicamente las galerías santanderinas con las galerías de nuestros pueblos? ¿De dónde vendrán? ¿De Castilla, de Europa (en ambos casos la clave la tiene el Santander mercantil, burgués, de comienzos del x. XIX, me parece)?

En La Montaña las galerías son conocidas como vidrieras (sing. vidriera) o correores de cristales (sing. correor de cristales). No sé qué nombre recibirán o recibieron en Santander.

Pongo a continuación dos fotos de una galería de la calle Peña Herbosa, otra más de la misma calle y la última de La Atalaya.




Caramelu

Mí padri nació n´El Alta de Sanander.

Es una casa baja, no más de tres alturas, con galirías. Nunca recuerdo el pisu. Tengo de fijami cuandu pasu en un cristal de caramelu que hay ena galiría.

El día que quitin el cristal de caramelu, se acabó.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Esquinales santanderinos

Hablaba en la entrada anterior de la posible influencia de los muros cortafuegos de las casas de las villas medievales en los esquinales de las casas montañesas y en los pipianos del oriente cántabro y occidente vizcaíno. Pongo a continuación una serie de fotos hechas en el Cabildo de Arriba de Santander, el barrio más antiguo de la ciudad. Las he hecho esta tarde. Es seguro que podría haber hecho otras similares en Tantín, San Simón, El Sol, Tetuán, San Martín, La Atalaya, etc. Que el Cabildo de Arriba está hecho cisco (y con él, la mayor parte de los otros barrios citados) no es ningún secreto. El ayuntamiento lo está dejando caer para luego venir al rescate de la mano de algún constructor amigo. Tengo que decir que me ha emocionado ir buscando algo que no sabía que existía hasta ayer mismo y encontrarlo. ¿Cuántas cosas estarán esperando que sepamos de ellas para mostrársenos? ¿Cuántas soluciones están ahí, a la vista, a la puerta de casa, esperando que reparemos en ellas? Si las echamos abajo quedaremos más desamparados. En este caso concreto, no sabríamos de la pertinencia de la hipótesis propuesta (la posible influencia urbana en el desarrollo de esquinales y pipianos) si no existieran los ejemplos que pongo a continuación. El pasado es una fuente de conocimiento que nos ayuda a vivir mejor, una fuente de oportunidades para el futuro. Aunque solo sea por un mínimo sentido práctico, deberíamos respetarlo.
 







domingo, 8 de diciembre de 2013

Pipianos

Los esquinales de las casas de la cuenca del Agüera, los muros que, partiendo del propio suelo o ya del primer piso (de tres que suele tener, incluyendo el desván), flanquean la fachada, protegiéndola de las inclemencias del tiempo (sobre todo a su carpintería), son denominados pipianos, cuya etimología se me escapa por completo. En La arquitectura popular en el Valle de Karrantza, libro que me compré ayer en Bilbao, se dice que los pipianos tienen su origen en los muros cortafuegos de las casas de las villas medievales de los ss. XIII y XIV. No me parece descabellado. Ahora habría que saber de dónde vienen los muros cortafuegos de las villas medievales. No me parece descabellado, decía, pero sí preocupante que tengamos que andar explicando las cosas a base de echar balones fuera: los esquinales de las casas montañesas o los pipianos de las casas de Guriezo resulta que ahora vienen de las casas de las villas medievales que a su vez proceden de... La búsqueda de los orígenes, de cualquiera, es infructuosa porque los orígenes no existen, solo los porqués. Es mejor hablar de concausalidades, creo.

Es a partir del s. XV o XVI que las casas comienzan a construirse en piedra, sustituyendo a la madera. Es un proceso común a toda la Europa atlántica. Es por este motivo que nuestras viviendas rurales más antiguas son de esta época, y no anteriores, no porque antes no hubiera viviendas, sino porque éstas no se han conservado. Quizá sí determinadas técnicas constructivas que ponen el acento en la madera, pero no las viviendas en sí (aunque quizá las viviendas de madera no pueda decirse que fueran "viviendas en sí", viviendas propiamente dichas, sino viviendas más próximas a lo que hoy entendemos por autocaravanas, quiero decir, viviendas que por su propia condición perecedera quizá estuvieran sujetas a las circunstancias de una entidad mayor, una entidad de ligazones no necesariamente materiales, la comunidad, con intereses variables, a los que una trama urbana de madera, de quita y pon, era fácilmente adaptable; esta capacidad de adaptación, en pueblos actuales como los de La Montaña, que ya no son de madera pero en los que la piedra solo es la carcasa, la piel que cubre o envuelve la lógica interior de madera, pueblos cuyas paredes caen con la misma facilidad que vuelven a ser levantadas, en pueblos como éstos, decía, la capacidad de adaptación a un entorno cambiante, la lógica de "la era de la madera", todavía está latente). La piedra sustituyó a la madera y desde entonces podemos estudiar la evolución de las viviendas, podemos seguir su rastro (lo que no quiere decir que hasta ese punto no hubieran cambiado nada): en la casa montañesa el alero se prolonga dando lugar a un portal que es protegido por dos muros, los esquinales, que se levantan acompañando a la casa cuando ésta suma una planta más y un balcón y de ahí en adelante. No tenemos claro el porqué de ninguna de estas transformaciones, ni siquiera la razón de los balcones, con todo lo claro que parece estar en los libros (los eruditos locales han allanado tanto el camino que lo han trocado irreconocible). Lo que está claro es que todos estos cambios (o evoluciones) denotan progreso.

El florecimiento urbano del s. XV encaja muy bien con las dataciones de nuestras casas rurales más antiguas. Encaja, mejor dicho, con el fin de "la era de la madera" y el triunfo de la piedra. ¿Tendrá que ver esta sustitución de un material, la madera, por otro, la piedra, con el florecimiento urbano medieval? ¿Tendrá que ver el progreso que deja traslucir la arquitectura tradicional con el impulso urbano que el Renacimiento trajo consigo? Es probable que sí. Dos ejemplos me vienen a la cabeza: el primero, el nacimiento de la denominada pasieguería, cuyo detonante fue, ni más ni menos, la venta ambulante por mercados urbanos castellanos de manteca (la vaca autóctona pasiega es productora no de leche, sino de grasa). El segundo es el de la sidra producida en los caseríos del s. XVI, época considerada de oro, la de los caseríos-lagar (tanto, que éstos se comenzaban a construir por el tolare, el lagar), pues ¿dónde se vendía, esta sidra, si no en los mercados de las villas? Los primeros testimonios de caseríos vascos están íntimamente ligados al comercio urbano. En las casas montañesas esta relación no es tan directa, pero es seguro que, no ya su mera existencia, pero sí su consolidación, su traducción en piedra, está también asociada (como la pasieguería o los caseríos vascos) de alguna manera, no sabemos todavía cuál, al esplendor del comercio urbano renacentista.

En definitiva, los pipianos puede ser cierto que procedan de los muros cortafuegos de las casas de las villas medievales, o también puede que sean una evolución de elementos previos provocada por condicionantes externos. No lo sabemos. Pero lo que sí es cierto es que toda la arquitectura tradicional de condición civil de la Fachada Atlántica, y Cantabria no es una excepción, comienza a ser de piedra en torno a estas fechas. ¿Por qué? ¿Estará su explicación en las ciudades? Ojalá. Si así fuera, comprobaríamos que esos compartimientos estancos a los que somos tan dados, tipo campo / ciudad, natural / artificial, etc., no son más que convenciones sociales (como casi todo lo que nos permite vivir en sociedad). Convenciones que podemos hacer desaparecer en cuanto nos dejen de ser útiles o en cuanto sus costuras, tan a la vista, nos empiecen a resultar insoportables.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Adiós a San Martín de Bajamar

San Martín de Bajamar ya no existe. Allí estaban los talleres de los últimos carpinteros de ribera de Cantabria, un oficio con muchas potencialidades, además de la playa de La Filomena. Pero San Martín de Bajamar, en Santander, como decía, ya no está.
 
He estado buscando fotos en internet de cómo era hasta hace escasos meses, pero apenas he encontrado nada. Pongo una, no la mejor:

 
En la foto de arriba aparece un tanto de la playa de La Filomena y otro tanto de los talleres. En esta playa apareció clavado el bastón de la ciudad que portaba el alcalde cuando explotó el Cabo Machichaco, hace ya más de un siglo. En esta playa, también, fue recogida la materia prima para elaborar la colección de joyería que podéis ver aquí y comprar aquí
 
En la foto de abajo podéis ver cómo ha quedado el mismo lugar tras el paso de nuestro alcalde y su querida regata de 2014:
 

Naciones bovinas

Tenía una foto en el móvil que al final he acabado borrando porque no se veía bien lo que era; creo que es mejor contarlo.

Los remiendos en los pantalones eran antes la norma. Pero no se ponían los remiendos al buen tuntún, como hoy en los trajes regionales, sino donde hicieran falta: en la culera, por ejemplo. De tan habituales, estos remiendos acabaron siendo diana del marcado sentido estético montañés (presente con igual intensidad en todo el noroeste peninsular, por otra parte), en otras palabras, de tan habituales, los remiendos acabaron representando un papel estético importante en la indumentaria montañesa. Pues bien, durante las últimas "olimpiadas del tudanco" de Cabezón de la Sal, Raquel me hizo ver que muchos remiendos de las culeras tienen forma de vulva (de nación) de vaca. Es cierto: se parecen, los remiendos en las culeras de los pantalones y las vulvas de las vacas son muy parecidos. ¿Coincidencia?

Hemos de recordar que, en clave interna, cuando un ganadero montañés te enseña su cabaña de vacas (su ganado) te lo enseña por atrás, no por delante, es decir, te enseña no la cara, sino la parte trasera de las vacas, el culo, vamos. Es así siempre. Compré hace no mucho una foto impresionante hecha en Torrelavega hace unos cincuenta años donde una familia enseña todo su ganado en fila, por razas, edad, tamaño y de espaldas. El fotógrafo probablemente también era ganadero o tenía mucha confianza con la familia de la foto. Es una foto que refleja códigos ganaderos muy difíciles de ver si no es en vivo, y con confianza de por medio.

La nación es a la vaca lo que la vaca a la familia. Normal que el remiendo de la culera, teniendo en cuenta la importancia que adquieren los remiendos entre los montañeses (un remiendo mal hecho se denomina curcuñu; que tenga nombre es síntoma de que cuando está se le reconoce, es decir, que no pasa desapercibido), normal, decía, que el remiendo en la culera busque la analogía con la vulva de las vacas. Es como los bisontes en las cuevas, que se adaptan al relieve de las paredes. Lo mismo la culera: solo hace falta tener cargada en la cabeza la importancia de las vulvas de las vacas para que hagas porque tu remiendo en la culera de tu pantalón se le parezca.

Las vacas en fila india, como hacen las tudancas, siguiendo al ganadero, con su pantalón a imagen y semejanza de la vulva de sus vacas, es todo un espectáculo.

Pongo foto de ringlera de tudancas:

Dando vueltas en torno al caminar

Se dice que a un paisano se le reconoce en la ciudad porque al andar levanta mucho los pies. Con este gesto se pretende evitar mojarse los pies cuando se camina "campo a través" (pongo esta expresión entre comillas porque dudo si hacer uso de un paso en una mies, por ejemplo, es ir campo a través o no).

No sé de qué forma ha podido afectar a los andares el llevar abarcas o escarpines. Sí sé que en mi familia hay muchos que caminan con las rodillas poco flexionadas por estar acostumbrados a las cuestas, y que yo mismo camino así, a pesar de no estar tan acostumbrado a ellas.

No sé si antes de que se impusiera el estilo marcial por influencia de un ejército omnipresente con el triunfo de los estados-nación hace un par de siglos (izquierda, izquierda, izquierda, derecha, izquierda) aquí se caminaba de alguna otra manera, o con algún "acento" condicionado por, lo dicho, el uso de abarcas (con las piernas arqueadas, levantado mucho los pies, etc.), de escarpines (quizá deslizando los pies como quien aprovecha para pulir un poco más las tablas ya de por sí repulidas del suelo de la casa, que no se podía pisar calzado con nada que no fueran escarpines), por las cuestas, por los caminos encachados, etc. O por llevar palo, que de alguna manera tiene que condicionar, obligadamente, los andares o el movimiento de los brazos al compás.

Burabura es una palabra onomatopéyica japonesa que quiere decir caminar de forma despreocupada: arrastrando los pies, con pasos irregulares que sugieren una actitud relajada. Una variante es el gin-bura, que recibe su nombre del barrio de Ginza, literalmente, "lugar de plata", cuya actividad comercial se remonta al siglo XVII, es decir, se trataría de un andar propio para ir de tiendas.

¿Las cambalúas o paseos sin rumbo fijo, el cambalear de los montañeses, darán lugar a un tipo de andar característico?

Cuántas dudas.

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