lunes, 24 de junio de 2013

*Tarmeñista

Un buen amigo montañés me chivó hace tiempo una expresión terráquia (es decir, local) con mucho gancho (con mucho sabor, que se hubiera dicho en otra época; que miedo me da ser como los de siempre pero de otra manera): tener tarmeñu. La expliqué en su día aquí. Me previno, y con razón: "cuidáu que no acabes dijendo *tarmeñista en tal de funambulista, que ya mos cunocemos".

En una de las últimas entradas de este blog decía que hace mucho que no gasto montañés. Pero claro, ¿de qué montañés hablo? Mi montañés empieza a ser la variante occidental del cántabru, es decir, la variante que parece una aspiradora y que, entre otras particularidades, no termina los plurales en /-us/. Lo bueno: que el cántabru comienza a funcionar como estándar de facto (incluso por lo que tiene de frontón, es decir, de modelo "contra" el que construir una alternativa occidental, como ocurre cuando empleo plurales terminados en /-os/). Lo malo: que parece que esta variante montañesa del cántabru no es reconocida como propia por aquellos a los que se supone representa: los montañeses. ¿A qué se puede deber esta brecha? No lo sé, la verdad, pero deberíamos corregirla sin demora: no podemos renunciar a la construcción de un estándar, claro está, pero tampoco podemos soltar con ello las amarras del mundo de lo real (como "lo real" no deja de ser una construcción, voy a decir mejor de lo efectivo, que parece más neutro o estable). El referente debe ser lo que es, no lo que desearíamos que fuera (estamos hablando de respeto hacia lo que está del cráneo hacia afuera, pero lo que está afuera no deja de ser una proyección de lo que está del cráneo hacia adentro, es decir, de las ideas). Esto vale tanto para los neohablantes como para los hablantes patrimoniales. Ambos mundos tienen que converger, necesariamente (si es que ambos mundos comparten realmente un mismo objetivo: que el patrimonio lingüístico cántabro no muera). Es tan lógico que en un contexto urbano las palabras tradicionales sumen capas de significados inéditos (no tanto nuevos: lo inédito es lo que está pero todavía no se ha manifestado) como que estas capas inéditas no entierren a las originales (entendiendo por tales aquellas conservadas en los pueblos, que no quiere decir que sean las únicas posibles). El esfuerzo tiene que ser mutuo. Los neohablantes me consta respetan mucho a los patrimoniales, como no podía ser de otro modo. Pero los patrimoniales no acaban de ver claro quiénes son los neohablantes, hay cierta desconfianza hacia ellos. Que esto sea así no debe extrañarnos porque ni tan siquiera los neohablantes tienen muy claro quiénes son, dónde encajan. Faltan espejos en los que reconocerse a sí mismos (como a los bebés que les cuesta saber de quién son esos brazos y esas piernas que tienen). ¿Y quiénes somos (me incluyo) los neohablantes? En su mayoría, los hijos de los niños que se marcharon del pueblo de la mano de sus padres, nuestros abuelos. ¿Qué derechos tenemos? Todos. ¿Por qué? Porque somos y somos solo porque queremos ser. El patrimonio lingüístico, lejos de filiaciones genéticas, es, en último término, de quienes se interesen por él, que, a día de hoy, groseramente, se reducen a los que lo conservan en los pueblos y, en un contexto urbano, los que acabo de definir como neohablantes. Ojalá más adelante podamos sumar nuevas categorías, como por ejemplo los chinos que vengan a estudiar "modalidades lingüísticas locales" a la Fundación Comillas (¿os imagináis? no habría mayor garantía de supervivencia que el ponernos de moda entre los representantes de la punta de lanza del nuevo capitalismo, aquél que tiene mayores visos de éxito, el que suma el adocenamiento comunista a la rapiña capitalista). Todos somos porque queremos (incluidos los chinos, cuando quieran), ergo todos podemos, todos tenemos derecho (y la obligación, una vez somos conscientes de todo lo que está en juego) de poner lo mejor de nosotros mismos en la tarea (lo mejor no para unos pocos, para unos u otros, sino para todos).

Apurando a tope, el montañés es de quienes no lo hablan, porque dependiendo de lo que éstos decidan, si hablarlo o no, sobrevivirá o no.

Lo dicho me ha venido a la cabeza viendo este vídeo.

Por cierto, se ha creado una empresa cántabra con el nombre Tarmeñu S.L. Se dedica a las finanzas. El contexto no podía ser más contemporáneo. Casi tanto (en estos tiempos que corren) como el funambulismo.

viernes, 21 de junio de 2013

Mejor en tarrina, que es menos y más barato. Ah, y dos cucharillas

La última vez que lució el sol vi a Piñeiro, el de los papeles de Bárcenas (además de ex alcalde de Santander), comiéndose un helado aparcado en doble fila enfrente de Capri, o sea, en pleno Paseo Pereda, una de las vías arteriales de la ciudad, con dos cataplines, lametazo va lametazo viene, allí en mitad de la carretera, provocando un pequeño atasco, tranquilito su buen cuarto de hora. Hoy, que también ha asomado la nariz Lorenzo, he visto aparcar a un director general, también del PP (como todo aquí) y también en doble fila, comprar el consabido helado en Capri, subirse al coche y marchar conduciendo con una sola mano, con otros dos cataplines. Muy cataplinosos los dos. Por qué será que a mí no me gustan los helados. Por qué que tampoco tenga coche.

In cornibus lunae

Llego a casa, que la tengo hecha un desastre, y hago una bandera con el mantel de cuadros rojos y blancos que Raquel y yo compramos en el mercado de Santoña. El mástil es la fregona. La pongo en el balcón. La aguanta un armarito que cogimos el otro día de la basura (lo tiró algún vecino rico, además de tonto). En la vertical del balcón (pero hacia abajo) han montado el escenario donde está ensayando ahora mismo la banda que va a tocar esta noche (mucho viento, la banda: trompetas a esgaya; bien, me gusta, mi abuelo era trompetista) con motivo de las fiestas del Sol, aunque llueva. Me siento en la butaca con la puerta del balcón abierta, para escuchar mejor, y mientras enciendo el ordenador abro el paquete que he recogido hace apenas media hora de Correos: una edición encuadernada en pergamino de la memoria sobre las antiguas y modernas comunidades de pastos entre los valles de Campoo de Suso, Cabuérniga y otros del año 1878  firmada por su autor, Ángel de los Ríos y Ríos, de quien tengo, casualidades de la vida, un copiador de cartas de la misma época que compré cuando crío en un ropavejero de Ciriego (la memoria no, la memoria la he comprado por internet en una librería de Granada).

He quedado dentro de un ratuco con Veceru, para tomar unas cañas. Vamos a celebrar el fin de La Vecera, que lo teníamos pendiente desde hace tiempo.

Se enciende el ordenador.

Escribo esto que estás leyendo.

Hace mucho que no escribo en montañés, pienso.

martes, 18 de junio de 2013

Soberáu y 2

Aquí hablaba de los soberaos. Es cierto que son el espacio que queda entre el "armario" que es la vivienda, la cubierta (que va unida al armario) y las paredes de piedra, pero no hagáis mucho caso del resto. Puede, incluso, que las casas no respondan al modelo de "armario", como pasa con las más antiguas, las que los libros denominan "casas llanas" y nosotros aquí "casas bajas". Pero éste es otro cantar, y muy complicado además, demasiado para tratarlo en este blog. Doy este tema, entonces, también por cancelado (aquí).

Balcón y retrete

Aquí decía que correor es una palabra que no se estila en la cuenca del Saja. Mentira: en la cabecera del río (al menos), sí. En el municipio de Cabuérniga me atrevo a asegurar que la palabra que se emplea es no correor ni solana, sino balcón. "Ción la Zoa", que ya ni sé lo que es mío (¿tatarabuela?), lo llamaba así: balcón. En Cabuérniga nadie dice solana para referirse al balcón. ¿Qué es, entonces, la solana? ¿Un invento? ¿Una palabra que en origen designaba a otra realidad (quizá un pequeño balcón lateral) pero que por influencia de los señoritos se ha acabado aplicando al balcón principal? No lo sé. Tampoco creo que sea éste el lugar apropiado para discutirlo. Como comentaba en otra entrada colgada hoy mismo, doy este tema por finiquitado (en este blog).

Pongo a continuación fotos de rincones en los balcones, rincones susceptibles de ser tapados con tablas (para que los vecinos no vean lo que "esconden") y que avanzan, al menos mentalmente, el espacio que va a ocupar, cuando ocurre, el retrete.



¿Y un posible retrete? No creo, no se ve la tubería.

 
Las tres fotos anteriores son de Terán. La siguiente de San Pedro, en Carmona. En este caso sé con total seguridad que no se trata de un retrete, sino un cuarto en el que cabe una sola cama, y nada más (como en un camarote individual): 
 

Espetera y 2

Ya puse días atrás una fotografía de una espetera. Pongo a continuación otra, y última.

Vargaretas y 2

Aquí escribía sobre vargaretas. Añado ahora una serie de puntualizaciones para cerrar el tema:
 
- Las que aparecen identificadas en los libros como "casas llanas" no existen como tal entre los paisanos. Los paisanos, todo lo más, reconocen "casas bajas", que son las más pobres, es decir, las que en los libros se identifican como "llanas". Por consiguiente, "casas llanas" no; "casas bajas" sí (al menos siempre que uno quiera ajustarse al modo como se denominan las cosas en aquellos lugares a los que pertenecen esas cosas). De las "casas bajas" pasamos a las "casas" y de aquí a los "palacios". Nada, pues, de "casonas" ni de tonterías propias de escritores decimonónicos y sus comparsas, los eruditos locales.

- La teoría que apunto sobre el gusto por el cuartu del portal, que en dicha entrada relaciono con la oportunidad que brinda este cuarto de apartarse (sobre todo al matrimonio) de los animales (teoría que presuponía que personas y animales convivían en un mismo espacio), no es cierta: tengo que confirmarlo, pero personas y animales, me temo (gracias a dios), no hacían vida juntos. Las personas vivían en la vivienda (que en los modelos de casa más antiguos era un espacio sin divisiones internas estables) y los animales en el establu, estando ambos espacios, vivienda y cuadra, adosados en un mismo volumen (por lo general, la vivienda se encuentra a la derecha y la cuadra y pajar a la izquierda según se mira de frente). De todos modos, no estoy todavía seguro de que no exista un modelo de casa más antiguo que el que yo tomo ahora como base (el que segrega vivienda y cuadra), un modelo donde convivan animales y personas, en cuyo hipotético caso sí que podría explicarse el origen del cuartu del portal como una forma de apartarse de los animales. Recurriendo a lo obvio, el cuartu del portal no representa más que una forma sencilla de sumar un cuarto a la casa (no supone más que cerrar un lado del portal previamente prolongado). El porqué del gusto por este cuarto, lo desconozco y mucho me temo que nunca lo vayamos a descubrir.

- Las vargaretas no son solo los espacios que quedan libres entre el cuartu del portal y el tejado. Las vargaretas son cualquier tendajo que se haga con cuatro varas de avellano para posar algo. Pongo a continuación una foto interesante: una vargareta (bastante desarrollada, es decir, que dejó bastante atrás el tendajo de origen) sin cuartu del portal debajo. Está enfrente de la iglesia de San Pedro, en Carmona:
 
- Las vargaretas son conocidas en Cabuérniga como pajaretas. Comprobado. Desconozco si en Cabuérniga son también pajaretas los tendajos de avellano que comentaba en el punto anterior. Me temo que ya no quede nadie que nos pueda responder. Pongo a continuación la foto de una pajareta impresionante en Terán (de la que habría mucho que decir, pero no aquí), a continuación otra bastante clara que he fotografiado en el barrio del Duréu de Sopeña y para terminar otra de Valle (cada foto es de un tipo de pajareta diferente):

 
 
 
 
- Los tablaos son paredes de tablas que encajan en carriles también de madera. Pongo a continuación la foto de los restos de un tabláu de un cuartu del portal de San Pedro, en Carmona, donde se aprecia el carril:


- Respecto a si la vargareta o pajareta es el origen del balcón o correor, pues está por ver. Yo creo que en la mayor parte de casos sí, pero en otros probablemente no. Haciendo hincapié en los casos que podrían ir contra la norma (entendiendo por norma: el balcón o correor procede de la vargareta o pajareta), he visto casos claros de balcones o correores nacidos de bocarones (por donde se mete la hierba en el pajar que está encima de la cuadra que está al lado de la vivienda, todo bajo una misma cubierta que se prolonga dando lugar al portal) y casas en las que conviven vargareta y balcón (es decir, que éste no puede entenderse como una prolongación física de la primera). Otro misterio de difícil resolución.

- No entro en la distinción entre balcón o correor (que son sinónimos) y solana (que no lo es) porque éste no es el lugar.

- Al final de la entrada que enlazo más arriba pongo dos fotos de "casas bajas" recrecidas por la fachada. No siempre es así. Pongo ahora dos fotos de una "casa baja" de Sopeña recrecida por atrás:


Sobre lo aquí tratado no volveré a escribir en este blog. Hay que dejar hueco a otros temas.
 

lunes, 17 de junio de 2013

Jorcáu


El poste que se ve en primer término, el que en su extremo superior se abre en dos, se denomina jorcáu.

Cerrojos y rejostras en puertas góticas

Varias entradas más atrás mencionaba la existencia de cerrojos muy grandes en las puertas más antiguas, las de arco apuntado (puertas góticas), cerrojos que (inexplicablemente) cerraban por fuera.

De estos cerrojos solo quedan huellas, salvo en un solo caso: la puerta de la iglesia de San Pedro, en Carmona:




Quizá este otro cerrojo fotografiado en una casa de Barcenillas, que creo recordar se encuentra cerca del restaurante Yuyu, sea del mismo tipo (no lo puedo asegurar, aunque tamaño y decoración coinciden):


Recordamos (ya lo vimos más atrás) que estas puertas son de dos hojas: la de la derecha va más allá del punto medio del vano; la de la izquierda es más pequeñita y suele permanecer fija, aunque también se puede abrir. Es en ésta donde suele aparecer la joraca, que no es para los gatos, sino para las gallinas (las gallinas solían tener su gallinero debajo de la escalera; los gatos entraban y salían por donde podían, aunque también podían contar con un agujero para ellos, un agujero con forma específica que no he logrado reconocer). Esta hoja más pequeñita se aseguraba por dentro con una rejostra o palo que apoyaba en una hendidura de la pared y en un resalte de la puerta. Tengo un par de fotos de una rejostra en una casa de San Pedro:



Es todo un universo (fascinante) de detalles.

domingo, 16 de junio de 2013

Santander Calling






Sotileza


Este chalecito se lo hizo construir Pereda poco antes de morir. Se llama Sotileza. Otro día pongo la casa donde, según la tradición oral, vivió la verdadera Sotileza.

Pereda nunca llegó a habitar este chalecito. Está en la calle del Sol de Santander.

Por cierto, Azorín tiene una descripción escalofriante del Pereda moribundo en un libro que yo he leído en edición de Austral, pero no recuerdo su título ni sé dónde está.

Los gatos están en Madrid

Pontificia de Comillas:
 

Río de la Pila (Santander):

La bahía de Santander, en una esquina

 

Collage de un niño pegado a una pared en Río de la Pila, en Santander.

Cadena perpetua para el montañés

Hoy en el rastro del túnel he comprado un libro de 1901 con dos palabras escritas a tinta: feu y guapu. El libro viene de la biblioteca de El Dueso. Para muchos, este contexto marginal es el propio del montañés. Intentar ir más allá, intentar saltar los muros, es un ejercicio de soberbia, para muchos, una agresión (culpabilizar a la víctima). Pero qué preso no sueña con ser libre.



miércoles, 12 de junio de 2013

Colores en las ventanas y aberturas en las rejas


Ventana de cuarterones pintada al estilo tradicional.


Detalle. Esta abertura, me explicaba un amigo, servía para apurrir (alcanzar a la mano) cosas de un lado a otro, para nada más. Pero encuentro una abertura similar en la casa de los Mier, en Sopeña, que está situada a demasiada altura.



Quizá para pasar cosas de un lado a otro sí, pero no para apurrir.

Azul y blanco

Aquí hablé por primera vez del azul conocido en La Montaña como del Saltu. La foto de la entrada que enlazo está tomada en una casa de Renedo. A continuación pongo la foto de una puerta con restos de este azul en una casa de Terán:
 

Y de una ventana:

 
Pero no todo tenía que ser azul (nada tiene que ser nunca de ninguna manera). También podía ser blanco (y de otros colores):
 

En Renedo.

Afilaoria

Aquí puse la foto de una jamba de una puerta de Valle (Cabuérniga) con marcas de haber afilado en ella herramientas, además de una hendidura de uso desconocido (quizá para meter la punta de alguna herramienta y doblar para probar su resistencia).
 

Arriba, afilaoria o piedra de afilar posada en el poyo de una casa de Terán. En la esquina, las huellas de haber practicado en ella el mismo tipo de pruebas que veíamos en la entrada que enlazo en el anterior párrafo.

Socarrena


Ejemplo de para qué se utiliza la socarrena: para guardar los aperos de mayor volumen, el tractor (el arado, el carro), la leña, etc. En una casa de Terán.

Otro ejemplo también de Terán:


Y detalle:


El otro día me enteré de que el Ayto. de Cabuérniga había hecho un inventario de bienes y tenía localizadas no sé cuántas “socarreñas”. Si alguno de los funcionarios de dicho Ayto. es capaz de decirme el nombre de una sola persona del valle que diga “socarreña” en lugar de socarrena, me comprometo a abrir el museo de Cabuérniga (en Valle, junto al Ayto.) todos los días que haga falta (muchos, me temo).

El Guiri


Antes, los de fuera eran gajucos. Ahora, guiris (aunque es una palabra a la que falta dar un par de vueltas, a lo que se ve, porque todavía no se escribe bien). En Sopeña.

Relor


Relor (plural relores) de sol que ya no da la hora. En Renedo.

Cuarterones con cristales

Aquí hablaba de cuarterones y aquí de puertas de cuarterón. En esta foto que está tomada, creo, en Terán, se ven bien los cristales puestos con unos junquillos encima de los cuarterones:
 

Parra

Aquí hablaba de parras en los jastiales o en los balcones.
 
 
Este ejemplo es de Terán. Fijaos de dónde nace la parra: de un poco de tierra apresada entre la pared de la casa y cuatro piedras.

Rimeru

 
Tope para el rimeru de leña, en Terán. La puerta de la antigua vivienda conserva parte de la purtilla que servía para dejar la puerta abierta sin correr el riesgo de que entraran animales o que escapara el crío.
 

Aldabe


Tronera mini


La mínima expresión de una tronera. Las troneras servían para mirar, claro que sí (mi madre recuerda asomarse con mi abuela a una de las troneras de Sopeña para ver con qué talante venía la llena del Saja), pero sobre todo para airear los productos que se secaban en el soberáu (fundamentalmente el maíz: éste no se secaba, como los libros de los eruditos locales nos han hecho creer, en los balcones, sino en el soberáu).

Se puede apreciar cómo sobresale una de las tablas para cubrir uno de los laterales, el orientado a norte. Era habitual que así se hiciera, que las tablas de los laterales sobresalieran para proteger la tronera del aire y el agua. No es que estuvieran mal rematadas, no es que tuvieran poca importancia y que las tablas sobresalieran por descuido, sino que se hacía así a posta.

La tronera de la foto está en una casa de Terán. La de mi familia, en Sopeña, que recuerdo preciosa, ya no existe.

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