lunes, 29 de abril de 2013

Continúu sintiendo los sús campanos

Ena prensa la esquela. Léola y abajo a la calle. El nordés es una pizotia enos mís plumones. Sustifautu, siento el jorricar de campanos, la sú trilliría, aquí, en Santander. Es una benijestación de ganaeros. Subin pola cuesta los toros alantre. Pasan segli junta mí. Nu amiran, pero reconózolos, son ellos. Ero ellos.

Siguimos acá.

La triba.

domingo, 28 de abril de 2013

Yeguas

Aquí ví las que pueden ser las dos últimas yeguas, madre e hija, de una raza antigua, con las patas muy cortas y morro también corto y aguzado, me dijo un buen conocedor de las garmas merachas.



No eran percheronas ni monchinas, eran raras, de aspecto primitivo, como las que aparecen representadas en las pinturas rupestres.

No las he vuelto a ver. Ha pasado mucho tiempo.

Continuamos caminando.


Aquéllas, son aquéllas.

(Demasiado lejos)

Construcciones circulares merachas

El paisaje merachu es más arbolado que el pasiegu, aunque sus resortes sean los mismos. Sorprende el estar en una breniza y verte rodeado de árboles. Dispersos entre el arbolado, aquí y allá, pequeñas construcciones que quieren ser circulares con paredes muy altas y sin vanos. ¿Qué serán? ¿Habrá algo parecido en otros valles (las cuerres, tal vez)?


La capital del mundo (y cómo está el mundo)

Estuvimos Raque y yo en la expo de Solana de la Fundación Botín. Impresionante. Fuimos a hacerle un homenaje a Arredondo. Qué pueblo más duro. Las fotos están tomadas allí. El tiempo, muy desapacible, tampoco (este "tampoco" quiere decir mucho) acompañó.




Colgados

Foto de varal o pértiga en el correor de una casa de Puentenansa. Estaban siempre sujetos al techo. Servían para tender la ropa. Eran habituales en los cuartos, para colgar la ropa del día a día y no cargar los arcones con ropa que podía ser de mucho bulto. El poderío de una casa se dejaba notar en el tamaño de sus varales o pértigas; si éstos aumentaban de tamaño, era señal inequívoca de progreso.


"Paula tenía siempre colgados en la vara, sobre la cama, un jubón de cúbica negra, una saya de estameña del Carmen con randa de panilla, y un pañuelo de espumilla para los días de fiesta. Blas, por su parte, nunca estaba sin unos calzones y una chaqueta de paño fino, y un sombrero serrano para las grandes solemnidades". (Para ser un buen arriero. José María de Pereda, 1900).

Tajanderu o picaer

Tajanderu, en Carmona, picaer en Garabandal, pie de madera, generalmente una sección de tronco, donde picar la leña.

Sabichosu

Sabichosu, en La Montaña, "sabiondo".

Muriazos

En La Montaña los muriazos (singular muriazu) son montones de piedras; los rimeros (singular rimeru), de leña, montones que suelen estar armados contra una pared; y los cimbrios (singular cimbriu) son montones de lo que sea, incluso de ropa, pero montones desordenados, sin intención.

En una cabañal de brenizas de la cuenca alta del Miera, en terreno kárstico, la hierba es un bien escaso. Los merachos liberan pastos haciendo montones de piedras. Pregunté en uno de los pueblos por el nombre de estos montones, verdaderamente llamativos, y no me supieron dar razón.

Pongo a continuación una serie de fotos de algunos de estos montones de piedras merachos, tan abundantes.




Tarmeñu

"Era algo que ella ya tenía previsto. Que más temprano que tarde se acabaría el trabajo de lavar para las casas de los señores. En casi todas habían entrado las modernas lavadoras. De hecho ella, Ó, la hija de Olinda, era una de las últimas lavanderas de Coruña. Como Amalia, desde que se había abierto Leyma, la Central Lechera, era una de las últimas lecheras. Ó ya se daba cuenta, que empezaban a fijarse en ella cuando llevaba la carga de ropa. Hasta hace poco, no. Aunque llevase un atado enorme en la cabeza, grande como un aerostático, pues aún así no miraban mucho para ella. Sin embargo, últimamente le habían hecho varias fotos yendo por la calle. Y en grupo, con la otra lavandera, Ana, y con la lechera, Amalia, que era quien decía: ¡Aún vamos a salir en las postales típicas!". Tomado de Los libros arden mal, de Manuel Rivas, del capítulo titulado "El arquitecto portugués".

Las mujeres en Cantabria eran las únicas que podían cargar a la cabeza porque, según me decía un anciano de Sopeña de Cabuérniga, tienen el cuello más fuerte que los hombres.

En Carmona a las mujeres a las que se les da bien llevar bultos a la cabeza, a las que tienen buen equilibro para llevar lo que sea a la cabeza (se puede llevar de todo), se les dice que "tienen tarmeñu".

sábado, 27 de abril de 2013

Rebeldía en San Vicente de la Barquera

Estoy en casa del padre de Raque en Madrid, echando un ojo a sus libros, cuando me encuentro uno de comienzos del siglo pasado encuadernado en rojo con el también llamativo título de Rebeldía (Barcelona, 1910), de Dicenta. Se lo pido y me lo traigo al cabo de unos días a Santander.

Cuál será mi sorpresa cuando advierto que trata sobre un pintor y un músico vinculados a la Institución Libre de Enseñanza de veraneo en San Vicente de la Barquera. Es un alegato puro y duro al amor libre. Sorprende porque la literatura "naturalista" que nos llega de esta época suele ser bastante conservadora. Ésta todo lo contrario.

Pongo una serie de fragmentos que me han llamado especialmente la atención. Dejo atrás muchísimos otros. El libro no tiene desperdicio.

*Los protas en boca de un pescador:

"Algo locos deben estar. El otro día que fuisteis a gibiones alquilóme el músico la lancha; metióse dentro de ella con una caja que parecía ataud de niño y cuando estuvimos en la mar sacó de la caja un vigolín (sic) y dale que dale, estúvose más de dos horas rascando las cuerdas y hablando solo en tan y mientras que rascaba. Ello sí, tocar toca bien; ningún ciego de los que aportan a la aldea le pué competir." p. 16

"¡Pues y don Alberto, el pintor! ¿Haisle visto, cuando está dale que le das a la brocha (...)?" p. 16

*Atuendo:

"Sobre el pecho del botero [Güiro] se abre una blusa roja; ceñida a los riñones va por una ancha faja azul; azules son los pantalones que remangados lleva". p. 15

"Llevaba la falda a media pierna, remangados los brazos y en chanclos los pies. Fresca y sana, la criatura montañesa dejaba caer las greñas sobre su cutis requemado por el aire y el sol. Por la chambra de percal entreabierta, descubríanse los arranques del pecho, blanco, palpitante bajo la tela sucia. Un delantalón se amarraba a su talle, dejando al libre las caderas redondas; con bravo dibujo afirmábanse las piernas en los pies deshechurados y callosos. Diez y siete años cuenta la Cantora, así llamada por su bien entonada voz, y por ser ella quien lleva la copla en el baile dominguero y en las romerías". pp. 41 y 42.

*Jardín (me está empezando a interesar mucho el jardín entendido según parámetros tradicionales:

"Es humilde la casa, edificada sobre una calleja que linda con el campo. Llégase a los muros por un huertecillo donde las urgencias del vivir no dan cuartel al jardineo. Coles, patatas y judías son princnipal ornamento en aquella verdura. Solo frente a la puerta se descubren planteles de rosas, de margaritas y geranios. Las rosas murieron a los rayos de julio. Las margaritas se abren tímidas, inclinándose ante el aire que las acaricia en señor. Los geranios, de encendido matiz, cabecean gallardos, con vanidad de buenos mozos. Ancho emparrado sirve de toldo al portalón". pp. 33 y 34.

*Fiestas (atentos, por ejemplo, a la mención de cerveza, muy probablemente de producción casera, ¿la primera referencia?):

"Las fiestas (...) Puestas de perifollos y prendidas con toda la joyería familiar, andan (...) las ricachas presumiendo de lujo, echándoselo unas a otras en cara; bien lavadas casi todas ellas, novedad grande en sus costumbres, y hasta con sus miajas de colorete en los carrillos, y de lápiz carbón en los párpados, único progreso que aceptaron de las madrileñas. Éstas lcuen todas sus elegancias (...) Los señoritos (...) también echan el resto y van como prisioneros en las ropas no acostumbradas. (...) Bajan los indianos en sus coches, adornadas las caballerías con collares de cascabeles; baja con ellos la india con lujo estrepitoso de muselinas y diamantes (...) La gente campesina mézclase con la marinera en las anchuras de la plaza. Repican por ella los panderos; por ella van cantando las mozas y al son de coplas y panderas bailan sin descanso con movimientos de fantoches. (...) En los soportales hacen los mercaderes ambulantes exposición de baratijas. A los puestos donde venden sortijones, collares de aljofar, pendientes de falsa pedrería, pañuelos de seda, peines de cuerno, muñecas de cartón y chupadores para niños, siguen los puestos de cerveza y rosquillas; de nueces y avellanas; a éstos las ruletas al aire libre; las ruedas de azar a cinco céntimos tirada; los blancos y los pim, pam, pum. De una bodega hizo teatro la hamponesca comiquería. Al correr de sábanas, que así fueran blancas como grandes, pueden ver (...) por cinco personajes todas las comedias del antiguo y nuevo repertorio. Cerca de la Cabaña puso un ciego su historiado titirimundi. Hay que ver por aquellos cristales los países y maravillas de la tierra, con más, escenas del último crimen y del penúltimo naufragio. Cántalos el ciego, acompañado por una guitarra y un violín, en bárbaro romance. Impreso anda el romance que no tiene reparo en perpetuar sus versos cojos y sus estupendas asonancias: impreso anda y a perra se vende. Hombres y mujeres hacen provisión de él para que al invierno los relea, en la cocina sin pitanza ni lumbre, algún sabedor de letras de periódico." pp. 68-70

*Traineras:

"Era el viaje de las traineras corto. Llegar a la Peña Grande y volver. Diez embarcaciones con seis remeros y un timonel (...) Había puesto sus dueños esmero en el adorno; y eran las embarcaciones canastillas de flores que solo dejaban libres de capullos y de hojas el sitio del remo y el desplazamiento del timón.". p. 77

*Carreras de ciclistas (¿la primera referencia?):

"Era artístico el grupo formado por los ciclistas al fondo de la calle larga. Las máquinas adornadas con flores, parecían ramos. Vestían los corredores camisetas de rayas, pantalón corto y altas medias de lustroso torzal; caían sobre sus ojos los viserones de las gorras y restregaban contra el suelo los pies, calzados por finos zapatos sin tacón." p. 75

*¿Competición de cante improvisado? (sería un descubrimiento impresionante):

"Pasó por manera igual las cucañas. En ellas alcanzó el premio Güiro con gran regocijo de la Cantora que también llevó primer premio en el concurso de REPICONAS y cantantes". p. 77

Cuántos libros por abrir... cuántas sorpresas.

viernes, 26 de abril de 2013

Cabañas merachas

Alcanzo tras mucho caminar un cabañal de brenizas merachas, es decir, cabañas de altura, muy compactas, sin apenas vanos, levantadas por los ribereños de la cuenca alta del Miera, los merachos, que son los vecinos de los pasiegos (los mismos a un lado y a otro del cordal y el mismo odio mutuo). A la altura de los ojos se erce Porracolina, un monte mítico para los santanderinos quizá porque es de los que mejor se reconocen desde la machina de Santander.

Me sorprende la escasa altura de la entrada a la cuadra y, en correspondencia, lo bajo que está el techo dentro. Ésto se debe al tamaño mini de la vaca pasiega. Eran éstas productoras no de carne ni de leche, sino de grasa: grasa destinada a productos lácteos de escaso peso (fácilmente transportables) y alto precio (como mantequillas o quesos) para mover por los mercados (aquí entra en juego el cuévano), productos lácteos que son los que explican en último término el modelo territorial pasiego (un paisaje de mantequilla y queso).

En las cabañas más "halladeras" o "ajallaízas" (que de las dos formas decimos los cabuérnigos lo que está a mano) las cuadras suelen estar intervenidas para ganar volumen llegando incluso a rebajar la entrada para que entre la vaca nueva, "la pinta", vaca de leche (plenamente integrada en la lógica industrial de finales del siglo XIX). Es muy común ver puertas con el dintel rebajado en forma de media luna o sin la lastra del suelo para que pueda pasar la nueva inquilina. Pero en estas merachas de breniza, no. Están tal cual. Son impresionantes.

Pequeñas en un paisaje enorme.

El meracho entra a su cuadra con una reverencia. La construcción le recuerda todo lo que debe a sus vacas: la vida. Los edificios inteligentes existen desde mucho antes que la domótica.

sábado, 20 de abril de 2013

Hidalguía Cántabra

En el periódico Hidalguía Cántabra de 1913, nº 38 y siguientes, hay un texto titulado Apuntes del natural escrito en un montañés muy potente. El periódico se puede encontrar, cómo no, en la Biblioteca Municipal de Santander. Por favor, que alguien se anime a trabajarlo.

La mimoria surti de destriá-las alcordanzas que unu caltenga






 


 








Cabezón de la Sal, años 30.

Modelos de Democracia

En la mañana de ayer estuve tomando un café fugaz con un antiguo amigo de la carrera. Me decía que aquí la Democracia no ha llegado a través de la cultura (el convencimiento), sino del consumo (el querer tener todos un chalé), siguiendo el modelo estadounidense, y que por eso la inmensa mayoría no se la acaba de creer: porque no nos la podemos comprar (y ya perdiendo las ganas estamos).

Dos cuartos

Juimos ahier Raque y yo a tomar una caña a un bar de la zona del Pesqueru. Atindiómos una latina. Raque, qu´es de Madrid, pidióli un botellín. La camarera quedó sustifauta. "¿Un qué?". "Dos cuartos", diji yo. "Ah, vale, dos cuartos". Los jolasteros créin más en nós que mosotros mesmos. Será porque tuvía no mos cunocin tantu cumu nós a mosotros mesmos.

Y tomando la cerveza pienso que si allega un día en que se pierda definitivamente la palabra cuartu (que imagino llegui) y li soceda otru día en que alguien quisiera cantabrizar la vida (que no creo llegui, ni ganas) a güen siguru esti alguien no recuperaría la palabra cuartu sino que acabaría dijendo daque asina cumu botillín o butillín o botellu...

Salenguana

Salí el otro día del trabajo, ya tarde, y fuí a casa andando, atravesando Ciudad Jardín.

Qué envidia, pensé, vivir aquí, en una casa de éstas, rodeado de árboles y pájaros, una casa soleada, abierta a los cuatro vientos.

Pero luego caí en la cuenta: si viviera aquí seguro que no iba a disfrutar tanto de este paseo como lo estoy haciendo ahora. Sabido es que pronto nos acostumbramos a lo bueno. Yo, que vivo en una especie de refugio antiaéreo (bueno, no será tan antiaéreo porque está muy alto; algo de proaéreo tendrá), seguro que tengo más motivos para disfrutar de este paseo que quien vive aquí.

Y me dí cuenta de que a ese sentimiento de no tener algo que precisamente por no tenerlo eres capaz de disfrutar en España se identifica con la envidia (la salenguana o solenguana, en Cantabria), que tiene connotaciones peyorativas. Y me pregunto por qué, mejor dicho, primero me lamento de que este sentimiento lo vivamos como negativo y luego me pregunto el porqué. ¿Por qué? Pues no lo sé. Pero seguro que hay otras culturas que lo viven en sentido contrario, es decir, en positivo. ¿Japón, quizá?

Lo más bonito de vivir en un país extranjero no es aprender su idioma, sino descubrir estas diferencias en la forma de relacionarte con el mundo, descubrir que todo puede ser muy diferente, mucho, y que no por ello todo va a explotar, que las cosas pueden ser diametralmente opuestas a lo que conocemos y funcionar, incluso funcionar mejor que aquí, en este país nuestro, tan amigo de acorralar sentimientos entre las paredes del tormento.
 

viernes, 19 de abril de 2013

Teno de tener cuido

Vo caminando pol Paséu Pereda. En escuchando a una mujer que diz a otra "me veo viviendo en un invernal", yo me alegro porque ha empleáu la palabra "invernal" aquí, en metá la ciudá (toma, burgueses, jodevos, pienso), en tal de lamentame pola sú situación. Es pa correme a soletazos.

El Escomienzu

Copio del primer número de La Cantárida: Periódico dominguero y parletán dedicado a la villa de Cabezón de la Sal y su distrito, año 1887:

"El escomienzu

Alcarde de la mi vida, / tiniente del corazón, / portero del auntamientu, / venturao del regidor, / síndicu del alma mía, / secretario de mistó: / ante vosotros llegamos / con respeutu el más atroz / los probes escribidores / de La Cantárida y yo; / y con la gorra quitá / vos saludamos a tós.

Esti papelucu vien / a vivir a Cabezón / pa no metese con naide / ni arregolver lo que no / ha de estar arregolizu / y solo en la paz de Dios; / y pa dar palos mu gordos / con güena risolución / al que lo merezca ¡porra! / que húsare o cazador / denguno se ha de escapar / del porru que traigo yo.

Desde Casar al Escudu / desde Triceño hasta Cos / yo aplicaré cataplasmas / y melecinas y tó / lo que crea se necesita / pa quedamos al relor (?) / vamos al decir, tranquilos / como una fuente de arroz / y al que débile le alcuentre / la concencia, ¡santo Dios! / le voy a poner el cuerpo con más joraos que amor / diz que pone a las muchachas / cuando juzga corazón.

Sin requilorios ni ambajes / todo va a salir al sol / yo quitaré las carátulas / que den aspectu feroz, / las que le den mu regustu / o de enfremizu la dió / y ¡reconcho! al que le vea / que es antruidu el bribón / por secula seculorum / y que mos engaña a tós / le pongo un parche en un ojo / si en mi cabeza se pon, / le enfundo las sus narices / o le rajo y le hago dos, / le meto en un miriñaque / con más güelu que un azor / le archivo en el soveráu (sic) / entre arañas y sin sol / zampando ca ocho días / de pan medio cuarterón; / le aplico hasta vente palos / de los güenos que yo doy / le junto tres longanizas / le hablo después de jamar / doile aluego un gomitivo / de los de Tonín Feijoo; / y sin daile más le dejo / que tengo güen corazón."

Es un poema (¿trova?) bastante confuso. Parece que siempre ha sido igual de difícil escribir en montañés. Está firmado por un tal Sinapismo.

miércoles, 17 de abril de 2013

Escalera del Ensanche

Ayer me colé en un portal del Ensanche de Santander que se ha conservado prácticamente intacto hasta la fecha (algo más de dos siglos a cuestas). El portal arranca con un primer recibidor (equivalente al estragal del mundo rural) en cuyo techo pende una lámpara fantástica que podemos considerar un primer toque de atención de lo que va a venir después, que es: el hueco de la escalera. No hay ascensor, ni actual (cada vez más habitual en este barrio adinerado de la ciudad) o antiguo (aquí están los de mayor solera de la ciudad, agazapados como jaulas de pozos mineros). El hueco de la escalera es amplísimo. La escalera deja libres las cuatro paredes. Cae desde lo alto, desdoblándose como una serpentina para acabar posándose en el centro del hueco que es el suyo, el de la escalera, esperándonos. Visto al revés, es como si estuviera flotando. Se vé el lucernario del techo, donde muere, pero no se la ve morir. Parece que llega un punto en que desaparece. Puedes rodear la escalera, recorrer su perímetro. Es como una arquitectura dentro de otra, la una para vivir (la casa) la otra para relacionarse, que es el fin último del movimiento (vivimos en lo que nos rodea, que es con lo que nos relacionamos y por lo que nos movemos). El portal lo está arreglando una cuadrilla de rumanos. Espero que tengan cuidado (y que no pongan ascensor nunca; maldita sea, qué egoísta soy).

Lo que es y lo que no

No es despreciar la tradición, es despreciar lo existente.

martes, 16 de abril de 2013

Jatera


En el garaje de una casa de Lebeña.

España era una fiesta, amiguitos


Parabrisas floridos

En los coches aparcados junto a la iglesia donde se estaba celebrando una boda, en Cantabria. No es la primera vez que lo veo.

Precaución, amigo conductor

Ésto (en una antigua calle de Toledo) se hizo para que los carros no hicieran...


...ésto que han hecho los coches en una calle de Santander:

Help


En Bilbáu, justu dimpués d´españá-la crisis.

Universos de andar por casa

L´universu cuei en una tinaja.


La tinaja es de una cultura precolumbina de la que no caltengo alcordanza. La fotu la jiz en el Muséu de Bellas Artes de Bilbáu, creo qué.

No deja de traemi mimorias de los muestros estragales: cantos que amejan astros (de jecho, la palabra astru tien el mismu urigin que estragal o astragal).

Justicia, orden y ley

"Este autor [Juan Cárdenas] considera Los estratos como una obra gemela de su novela anterior, Zumbido, con la que debutó y que escribió entre 2008 y 2010 gracias a una beca de la Residencia de Estudiantes. Zumbido, que vio la luz en la modesta editorial 451 Editores, logró alabanzas de la crítica. Mientras explica todo esto, Cárdenas pide permiso para decir algo que, advierte, “quizás suene a broma”. “Mis dos libros se pueden leer como un manual de instrucciones para acabar con el hombre blanco”. ¿Y cómo es que un hombre blanco quiere destruir al hombre blanco? “¡Yo no soy el hombre blanco!”, proclama. Él argumenta que no se refiere, obviamente, a una cuestión racial, sino a “algo más difuso y extraño”. Entonces desarrolla su idea: “El hombre blanco es el mito que ha propiciado un horror histórico en América Latina. Es esa especie de racionalidad violenta que intenta imponerse a lo que allí ocurre en aras de un supuesto progreso, de una supuesta civilización, negando que implique cualquier tipo de barbarie. Son este tipo de esquemas, maniqueos, que se generan en la región”. En El Mundo de hoy.

No he leído ni una ni otra, pero parecen merecer la pena. El problema que aborda este autor en ambas es muy contemporáneo. Me reafirmo en la idea de que Cantabria es punta de lanza de muchas cosas (malas). Somos un laboratorio de magos que nos están haciendo desaparecer.

Fin

¿Ó muer la civilización?

Herba alampáu

¿Qué llamatu tien el fulgor de la herba? El de la nievi es "ampu".

Hay palabras que tuvía no están dichas.


La fotu está jecha ena Canal del Haya, en territoriu merachu (los vicinos de los pasiegos que vivin ena cuenca´l Miera).

El sullar del vientu


Tradición

Ésto sí que sí: la típica pastilla de jabón de los baños de los bares.
 

Alcontrelu asina


Acomodaticios

En la calle Castilla de Santander ponen colchonetas al lado de los bancos porque los pobres ya no caben. Nunca faltó un alma caritativa en nuestro querido ayuntamiento.

Los barcos también viajan en bus

Cuando aquello de Santander 2016 se pusieron cajetines en los autobuses municipales donde se podían encontrar libritos de escritores locales. Es el que se ve en las fotos. El proyecto fracasó y de Santander 2016 nunca más se supo. Lo que ahora vende es Santander 2014: el no sé qué de vela.




El barquito está hecho con papel y me lo encontré en la línea 7 a las 7:30 h. de un día entre semana (quizá de esta misma mañana).

Resclaves

Somos eno que mos arrodia.

El primer día de primovera jiz una fotu a tolo que alcontré na mí calle: dende la igresia de los carmelitas hasta el mí portal. Están puestas por orde d´aparición.



Dos tarmaos escacijáos.

 
Un avión de papel col alerón rotu.
 
 

Dellas migas de pan.

 
 
Restos de una caja de bombones (y una culilla ena risquieza de las baldosas).
 
 

Un pétalu.

 
Una pinza amarilla de plásticu.
 

lunes, 15 de abril de 2013

Para ellos la suya

Estuve ayer en El Rubicón, conocido bar progre de Santander, celebrando lo de la República y tal. No sé por qué. Había un concierto de flamenco y tal. No sé por qué. El cantaor va y suelta que después van a cantar campurrianas y la gente rió y tal. Que el folk (así, en inglés) también puede ser reivindicativo, dijo el cantaor (ya descojonao), y la gente rió con él y tal y pascual, ¿sabes?. No sé por qué, pero marché.

Atotogar

Aquí expliqué la diferencia entre acaldar y el doblete atotogar / atotegar. La primera variante (atotogar) se emplea a orillas del Saja y la segunda (atotegar) al lado carmuniegu de La Collá. La primera la emplea con asiduidad Manuel Llano. También es de uso frecuente en mi familia. De hecho, es una de las pocas palabras que asocio a mi infancia y que, por eso mismo, más aprecio. Leo en la página 51 del flamante (2013) Vocabulario General de Cantabria del académico Adolfo López Vaqué lo siguiente: "Atotogar, -se: No figura este verbo en ninguno de los Vocabularios de términos regionales que he consultado, lo que me hace pensar que bien pudiera tratarse de una creación de Manuel Llano (...)". Leo en La soledad del cometa, extraordinaria novela de Luis Rodríguez, publicada nada más y nada menos que por KRK, lo siguiente: "El hombre lleva restos de espuma de afeitar en el mentón. Me hace tres o cuatro preguntas que contesto sí y se tira todo el viaje hablando sin parar de los parches de grava y alquitrán, que aguantan poco porque los ponen mal, y me lo explica, de la puta manía de repoblar bosques autóctonos de haya y roble con pinos y eucaliptos para recoger perras enseguida, y me lo explica, de sus hijos. - ¿Cuántos años tienes, chaval? Sí, la mayor debe tener tus mismos años. El mediano, en cambio, es más atotegao, es como su madre, y el pequeño, ¡qué cabrón!". El autor nació en 1958 en Cossío.

Ya son dos.

Y conmigo sumamos tres.

viernes, 12 de abril de 2013

La hora o la vida

Hay un chungo en Santander que cuando te pide que le des la hora parece que te esté quitando algo.

martes, 9 de abril de 2013

2020

"Nabil (...) había estudiado y leído lo suficiente para darse cuenta de que el dinero que se había perdido en el casino de la especulación nunca había existido, sino que saldría de los bolsillos de una población que se había convertido en rehén. Alguien había decidido que sus billetes de Monopoly poseían un valor real y que nosotros, que habíamos dejado en sus manos nuestros planes de pensiones y nuestros ahorros, íbamos a ser los encargados de obrar la metamorfosis. La ficción había ocupado el lugar de lo real. Y a nosotros nos tocaba pagar por el espectáculo". Tomado de la última novela de Javier Moreno, titulada 2020. Espectacular.

Despedida

Tuve la fortuna de conocer a Leopoldo Rodríguez Alcalde. Era ya muy mayor. Un día me llamó a casa. Hacía mucho tiempo que no iba de visita. No estaba. No le devolví la llamada. Tampoco fui a visitarle. Murió. Los más de sus libros, lo más preciado que tenía, fueron a parar a la Biblioteca Municipal de Santander. Es un fondo impresionante que estoy intentando leer poco a poco.

Le debía una.

Le pedí el favor a Luis Antonio de Villena. Él también había sido amigo de Polín.


Pablo, lo siento.

Mañana devuelvo el libro.

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