jueves, 22 de junio de 2017

Hornera de Valdeolea

El otro día entramos de la mano del propietario a una hornera de Valdeolea.



Es la construcción de la izquierda, la alta. Pudiera parecer la entrada a la vivienda, pero no. La puerta se abre a un patio o, por mejor decir, a un espacio cubierto seguido de otro que queda al aire libre, y al fondo, frente por frente, la vivienda. La hornera está encima de la puerta. Su suelo explica el espacio bajo techo que encontramos tras cruzar la puerta.

A la hornera se accede por una escalera de trancos que queda nada más entrar al patio cubierto, a la derecha. En paralelo, a la izquierda de la escalera, la leñera. Ésta y la escalera tienen puertas independientes. La escalera se desarrolla en dos tramos y un descansillo intermedio. En el descansillo se abre la panera, que es un hueco con puerta doble que queda a la altura del pecho que sirve para guardar (en altura, pues) el pan y el cereal, según el vecino. La panera está debajo del horno.

La escalera se abre a un espacio diáfano y alargado con suelo de madera y la pared que da al patio (que es una de las largas) de adobe; el resto de piedra. Hay dos ventanas de pequeñas dimensiones enfrentadas (no recuerdo si exactamente), una orientada a la calle y otra al patio interior, con la vivienda a la vista. Detalle de la ventana que da al patio, con el cuarterón partido ensamblado con "cola de milano":



Detalle exterior de la hornera, desde el patio (con la parra asomando):



Hemos encontrado adobe en otras casas de Valdeolea:



La primera foto corresponde a la sala del primer piso y la segunda a la cocina (nada más entrar, a la derecha) de esta casa en ruinas:



Que está adosada a esta otra (es probable que en tiempos formaran una misma unidad):



Me pareció que la forma de poner el adobe, de trabajarlo, es distinta en una pared que en otra: en la primera, en la pared de la sala, se advierten ladrillos (como en la hornera), pero en la pared de la cocina es como si se hubiera empleado algún tipo de encofrado. No puedo decir más. No había luz, estaba todo que se caía y además me había ortigado y pinchado con un alambre al entrar.

Más de lo que parece adobe, aquí (en Duález).

Volviendo a la hornera, el horno está nada más llegar a la planta superior, a la derecha, sobre una plataforma de lanchas y debajo una buena capa de tierra contenida por tablas.

Detalle de la escalera y plataforma del horno (lancha y tabla):



Detalle de la plataforma con tierra, lancha y tabla desde la escalera:



Debajo del horno y su plataforma de piedra y tierra se encuentra la panera (recordemos: pan y cereal) y debajo la leñera. Detalle desde la leñera (lo que se ve es la panza de la panera):



La cúpula del horno es de ladrillo, impresionante.

Tabla con pinos en la hornera, foto:



Es la única que se conserva de varias que había. Fijaos que es una pieza independiente, es decir, de quita y pon. A este sistema se suma una tablilla enganchada por la mitad a la viga central del techo, tablilla que gira. Ambos sistemas sirven para secar y curar alimentos.

Adosada a la hornera hay una especie de socarrena, que no sé cómo se dirá, con el espacio interior duplicado gracias a una vargareta, que tampoco sé cómo se dirá, que de tan desarrollada más parece ya un cabrete.

Creo que nunca antes se había descrito una hornera por dentro. Cuidado, porque no todas tienen que ser como ésta. Recuerdo un horno en el soberáu de una casa de Bárcena Mayor y otro en el exterior, pero esta vez a ras de suelo, en una socarrena de Lamiña. Sería genial comparar.

miércoles, 21 de junio de 2017

Susumu Yokota, Red Swan - "Sloup"

Incógnita

"El interior de nuestro cuerpo no se parece a las descripciones de la Anatomía clásica. Esta ciencia ha construído un esquema del ser humano que es puramente estructural y bastante irreal. No es solamente abriendo un cuerpo como se aprende cómo está constituído el hombre."

Dr. Carril, La incógnita del hombre (por edición argentina de 1959).

Mi hermano se taladró un dedo de la mano arreglando una cajonera. Que vió blanco, nos decía en Urgencias, a donde le acompañamos, el hueso, que al abrirse la carne había asomado limpio, decía. El doctor le quitó importancia, dijo que imposible y dejó al descubierto la herida porque así cura mejor.

Pero y lo blanco.

martes, 20 de junio de 2017

El porqué de la tierra en los tejados

Estábamos haciendo fotos a tejados de un pueblo de Valdeolea cuando apareció un vecino al que asaltamos. Nos explicó lo siguiente:

Los tejados están compuestos por cabrios (las vigas que bajan en paralelo a los hastiales y perpendiculares a la fachada) y ripias (las tablas que cruzan, es decir, las que posan perpendicularmente entre cabrios, en paralelo a la fachada). Sobre las ripias van las tejas. Pero para que éstas posen bien, encima de las ripias se pone la mullía, que es materia vegetal, por ejemplo rozu del monte. Lo hemos visto en Carreju, Porcieda y Valderredible, aquí (punto cuatro) y aquí.

El vecino nos dijo que en su casa había encontrado hasta cinco tipos distintos de tejas. Sin que hayamos podido profundizar tanto, distinguimos dos tipos: tapas y canales (en femenino). Las que se ponen panza arriba son las primeras. Las canales es por donde corre el agua, cayendo por el goterial. El hueco que dejan las últimas tapas, las que asoman al goterial, se tapa con tierra, valga la redundancia, para que no aniden animales.

Las tapas no son muy importantes. Las tejas que hay que cuidar son las de la canal: que se las golpea y tienen que sonar bien, como campanos, decía el vecino. Si suenan mal hay que cambiarlas. También hay que cuidar que la caída del tejado sea regular, que no haya desniveles porque de haberlos se convertirían en puertas de entrada del agua.

La madera de la que están hechos los cabrios, que no recuerdo cuál es, no parte, pero sí se comba o, por mejor decir, antes de partir los cabrios se comban mucho. Pasa como con las potras de las paredes, que son avisos de que la pared se va a caer (aquí y aquí). Para evitar tener que levantar medio tejado los vecinos de Valdeolea quitan la teja de la parte afectada y echan tierra mezclada, de nuevo, con materia vegetal, por ejemplo paja, aunque no necesariamente paja, sobre la que reponen las tejas. Es una especie de adobe. Cuando la faena es gorda pueden llegar a sustituir tejas por lanchas (las lastras pasiegas) para nivelar el tejado, es decir, el proceso inverso al que dábamos por supuesto hasta ahora, que era la sustitución de lanchas o lastras por tejas.

Aun con limitaciones, hemos aclarado el misterio que representaba encontrar materia vegetal en los tejados, en Valdeolea y otros valles (Liébana y Cabezón de la sal, al menos) que ahora sabemos que es la mullía. De paso sabemos también que podemos encontrar tierra en el tejado y que hay veces que la teja convive con lanchas no necesariamente porque aquéllas estén sustituyendo a éstas (por ejemplo aquí), sino al contrario, porque las lanchas sustituyen puntualmente a las tejas.

Casa uno (tierra a la vista):



Casa dos:

Se aprecia la tierra tapando los huecos de las tapas del goterial y las lanchas puestas para nivelar la superficie combada del tejado.



Las pocas casas que quedan con soluciones antiguas están en ruinas o semiarruinadas, lo cual permite apreciar las distintas capas o sustratos (la tierra sin tejas, por ejemplo). Hasta que terminen de venirse abajo y ya no haya nada que hacer, salvo lamentarse.

Más sobre tejas y cubiertas, aquí (punto tres), aquí, aquí y aquí (punto dos), entre otras entradas.

lunes, 19 de junio de 2017

Presencias

Los seles no necesitan marcas visibles en el territorio.

Están: lo sabe el ganado, lo saben los vaqueros, y es suficiente.

La lógica de los seles me la explicó un familiar cabuérnigo hace no mucho, pero la he olvidado, aunque no del todo: era algo así como que las vacas que nacen en el monte tienden a volver, cuando tienen que hacerlo (por ejemplo al caer la noche), al lugar donde maman por primera vez, que es para cada cabaña el mismo sitio siempre.

Esto es de cuando Bob Dylan no sabía a qué casa volver:



En Sejos los seles no están delimitados, pero están. Cuando se pierda la memoria de los seles, como me ha ocurrido a mí, cuando ya nadie suba o cuando ya no haya vacas que nazcan arriba, los seles ni siquiera desaparecerán.

Nuestra cultura es así. Nuestra cultura está desapareciendo así.

El otro día fuí en autobús al Hospital de Liencres. Sabía que había una parada en mi calle, pero no exactamente dónde. No está marcada. Tuve que ir preguntando. Terminé esperando junto a otros frente a una casa verde, antigua. Entonces me fijé en que la tapa de la alcantarilla era del año 36, de cuando el alcalde piqueta, que llamaban, que hoy recordamos, si acaso se le recuerda, por todo lo que tiró, como el Convento de San Francisco, que estaba pegado al ayuntamiento, pero que también intentó implantar un urbanismo racionalista del que esta tapa, y la infraestructura que lleva por dentro, es buena prueba:



Todo esto me lo ha traído a la cabeza un correo de la unión de editoriales universitarias que acabo de recibir con información, entre otros, de este libro:

domingo, 18 de junio de 2017

El Quijote de La Cantabria

Se ha publicado hace poco una versión en cántabro de El Quijote.

Según entrevista de Lezaola, otro de nuestros periodistas de primer nivel, aquí, el libro lo tiene Revilla encima de su mesa de trabajo.

Fenomenal.

Pero ahora quería llamar la atención sobre lo siguiente: a finales del s. XVIII un autor cántabro publicó una versión de El Quijote escrita lo más en asturiano oriental o cántabro occidental, que la Biblioteca Nacional de España ha digitalizado y volcado en la Biblioteca Digital Hispánica, aquí.

Importante.

viernes, 16 de junio de 2017

Sibérie M'était Contéee

Al sereno (¡sereno!)

Decía ayer Balbona en El Diario Montañés que las relaciones entre el Ayuntamiento de Santander y el PRC eran buenas (aquí me vienen a la cabeza los problemas que hubo antes con el el parque de Las Llamas, con el solar de Moneo, con el sistema de recogida de basuras del muelle de maliaño, etc.) hasta que irrumpió "el problema cultural", que se relaciona subrepticiamente con el PSOE, pasando a ser malas.

No quiero meterme en la cabeza de nadie, ni puedo, pero todo parece indicar que esta idea lanzada a los cuatro vientos por el periódico de máxima difusión en Cantabria no busca más que abrir brecha (se sobreentiende que forzadamente) entre los dos partidos del Gobierno.

"El problema cultural" lo componen el MUPAC, el Banco de España y el Archivo Lafuente, enumera el periódico. Coño, Balbona, que los tres son lo mismo: el Archivo Lafuente o, por mejor decir, la mala gestión, pésima, que se está haciendo internamente del Archivo Lafuente.

Si existe tal "problema cultural" éste lo encarna el Archivo Lafuente, o su mala gestión. No se puede echar la culpa de todo al Gobierno de Cantabria simplemente por no querer firmar un documento puesto encima de la mesa, cerrado, que le compromete a pagar diez millones de euros a ciegas, los primeros. Lógico será que quiera discutir las condiciones. Pues no: o firma con la venda en los ojos o se queda fuera. Al final se ha quedado, o lo han dejado, fuera.

"El Archivo Lafuente será lo que quieran los santanderinos", dice la Alcaldesa, haciéndonos reos de sus películas.

La campaña de El Diario Montañés es muy perjudicial, porque, sinceramente, creo que nos hace peores personas. Pero también mal, sin ser tan malo, porque está dando alas a gente en la que no confiar que está tomando sendas oscuras muy difíciles de desandar.

Por cierto, que eldiario.es tiene que afinar más. La Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Santander es periodista. Cuidado con las notas de prensa y noticias precocinadas: se nota mucho el corta y pega. Pero lo peor es cuando penetra el argumentario, como queda al descubierto aquí. No obstante, queda resquicio para la esperanza: el periódico digital corrige óptica aquí (otra metedura de pata, en mi opinón, es el tema de los pijamas "pelones", aquí, que no tardarán en tener que corregir).

jueves, 15 de junio de 2017

Enterramiento en cueva, Maoño, año 1668

"A legua y media de la villa de Santander, entre unas peñas blancas, muy enriscadas, que están dentro del término de Maoño, hay un hoyo, que los naturales llaman de Tubalin, donde es verosímil que fuera enterrado [Túbal], según el nombre lo insinúa. Y alude a esto el que en aquellos tiempos y mucho después se usaba quemar los cuerpos muertos y sus cenizas, puestas en arcas, las ocultaban en peñas: y así, en el hoyo de las referidas, parece bien, enterraron las de Túbal."

Historia, en dedicatoria, grandezas y elogios de la mui valerosa provincia xamas vençida Cantabria: nombrada oy las Montañas Vajas de Burgos y Asturias de Santillana..., del cabuérnigo Pedro de Cossío y Celis, año 1668, aquí.

Las creencias populares, como los mitos (que son creencias populares con panteón), son codificaciones de la memoria.

miércoles, 14 de junio de 2017

Cumbres borrascosas

Habla El Diario Montañés de "cumbre" en Madrid, así de pomposo, en torno al Archivo Lafuente.

Está prevista para hoy por la mañana.

El Gobierno de Cantabria no asiste porque envió una batería de propuestas al Ayuntamiento de Santander y éste las ha ignorado. No hay documento de consenso. El objetivo de tal cumbre, a la vista está, no era alcanzar acuerdos, sino la foto, la que se podría haber publicado en prensa -la prensa afín a dos de las tres partes implicadas, las dos con el mismo color político- como una claudicación de la otra parte.

Bien por el Gobierno de Cantabria.

Demasiado en juego como para reducirlo todo a postureos.

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